La competición es, innegablemente, un mundo masculino. Pero los gustos y las pasiones no entienden de sexos. Las mujeres, como en otras facetas de la vida, se equiparan a los hombres, fisiológicamente no son iguales pero, son capaces de ir tan rápido,o más,que sus rivales masculinos.

Que duro tenía que ser nacer en 1900 e ir creciendo admirando los coches deportivos de la época, pero Eliska Junkova tenía que ser una mujer excepcional, para en aquellos años, luchar por un sueño y llegar a ser considerada una de las pilotos más grandes de la historia.

Pongámonos en situación, 1900, comienza el siglo XX y una nueva era tecnológica; Henry Ford, con el modelo T, revoluciona la industria con su sistema de producción en cadena, Japón gana la guerra a los poderos zares de Rusia y se empieza a convertir en lo que es ahora, una potencia mundial, y Europa es un bomba de relojería llena de cambios convulsos.

El 16 de noviembre de 1900 nace Eliska, en una herrería en Moravia, uno de los rincónes del Imperio Austro-Húngaro, que después de la Primera Guerra Mundial sería la Republica Checoslovaca. Ya hay que ser dura, para que, en aquellos años, no te matara la neumonía, la tuberculosis, la diarrea, el sarampión o que te mordiera una rata en el culo al ir al servicio y te contagiara lo que no está en los escritos.

Pues con todo este panorama tan atractivo, esta buena señora, se las apañó para, con 16 años, tener conocimientos de alemán y hablar inglés, lo que la ayudó a conseguir empleo trabajando para un banco. Fue allí donde conoció a su futuro marido, un banquero amante de la velocidad y los coches de carreras, Vincenc «Cenek» Junek.

Ante las aficiones deportivas de Vincenc, Eliska le fue cogiendo el gusto a los automóviles deportivos, especialmente a los Bugatti, esta chica de tonta no tenía un pelo. En 1922, en Praga, obtuvo clandestinamente su licencia de conducir, y se casó.

Debido a una herida de guerra de su marido, que le afecto a su capacidad para manejar la palanca de cambios, ella empezó a competir en su lugar. Su primera carrera como profesional fue en 1923, al lado de él. Al año siguiente ya comenzó a participar en solitario y en 1925 ganó en Zabraslav-Jiloviste, dándose el capricho de comprar, con el premio, su segundo Bugatti, ya había adquirido anteriormente un Type 30.

El mismo Ettore Bugatti fue amigo personal de Eliska, y construía coches elegantes y bellos, aunque con alguna deficiencia mecánica. La mas conocida, los problemas con sus frenos, Ettore decía que construía sus coches para ir, no para parar.

En 1926 Eliska ya era famosa en toda Europa y competía contra los mejores pilotos de la época, la apodaron “la reina del volante”. Los periódicos nacionales de aquellos años, los del corazón de ahora, hablaban de la maravillosa pareja que formaban ella y su marido y de su velocidad a la hora de tomar las curvas. En Europa se la pasó a llamar Elizabeth Junek, Elizabeth por el anglicismo de Eliska y Junek por el apellido que adquirió en su matrimonio.

Para conducir los coches de aquellos años, se necesitaba fuerza y eso a Eliska le faltaba, pero utilizaba su memoria para recorrer las zonas donde competía y marcar puntos de referencia y estudiar las trazadas, era una mujer inteligente, Fernando Alonso lo hace ahora en las vísperas de cada Gran Premio. Ese mismo año en la Targa-Fiorio, una carrera de 7 horas y media, se encontraba en cuarto lugar, hasta que su dirección falló y se quedo clavada en una zanja. Poco tiempo después ganó el Gran Premio de Nurburgring, en la clase de coches deportivos de 2 litros. Convirtiéndose en la única mujer de la historia en ganar un Gran Premio.

En 1928 y con la ilusión puesta en ganar la Targa-Fiorio y quitarse la espina clavada, compró un Bugatti Type 35 B y terminó en la quinta posición, luchando de tu a tu con el piloto oficial de Bugatti, Louis Chiron y venciendo a otros veinticinco pilotos, entre ellos alguno conocido; Tazio Nuvolari, Ernesto Maserati, Rene Dreyfus …. Ese mismo año, compartiendo el volante con su marido y mientras él conducía, en el Gran Premio de Alemania, este se salió de la pista y se mató al instante. Ese fue el fin de la carrera automovilística de Eliska.

Después de la tragedia, vendió sus coches y se dedicó a su otro gran amor, su pasión por viajar. En uno de sus viajes se fue a Ceilán, llevándose consigo un deportivo, que Ettore Bugatti le regaló, para que buscara oportunidades para su comercialización en Asia.

Eliska se volvió a casar al finalizar la Segunda Guerra mundial, pero permaneció en el anonimato desde 1948 has 1964, ya que las autoridades comunistas de su país y debido a su forma de vida burguesa, le impidieron salir al extranjero. En 1989, a la edad de 91 años, asistió como invitada de honor, a una reunión de Bugatti en Estados Unidos y falleció a los 94 años, en la Republica Checa.

En un párrafo de sus memorias escribió:

“ He demostrado que una mujer puede labrar su propio camino hasta el mismo nivel que los mejores hombres. Las mujeres a veces tienden a culpar de sus fracasos a la naturaleza. Es mucho más productivo trabajar más y enojarse menos. Algunas desventajas pueden superarse con facilidad.”

Pedazo de mujer ……… hay que perseguir los sueños.

Eliska Junkova , La reina del volante