Mientras me dirigía a recoger el Spyder, iba pensando en los deportivos de antaño, coches ligeros, sin electrónica, motores potentes, tracción trasera y chasis bailones y tenía la esperanza que la nueva creación de Porsche se acercara a los sueños de muchos a los que nos gustan los coches deportivos con esos aires.

Cuando llegué me esperaba un coche blanco, agazapado a la entrada del aparcamiento, como esperando salir disparado, así que sin perder ni un minuto y dado lo corto de la prueba me senté en un perfecto baquet casi de carreras que no tiene un solo pero, ajusté el volante en profundidad y altura, los espejos y arranqué.

Tardé unos km en llegar al lugar donde poder disfrutar de comportamiento del coche, así que en el camino, iba valorándolo mientras salía de la ciudad y durante el trayecto de autopista.

Debido a la altura rebaja respecto al Boxster “normal” y los baquets se va sentado muy bajo, la dirección para moverse por ciudad perfecta, el cambio de marchas PDK es dulce y suave, y la visibilidad trasera como cabía esperar regular, por no decir horrible. Por el autopista el toldo (como lo denomina Porsche) que protege de la lluvia (para otra cosa no vale) es bastante molesto así que estaba desando llegar a mi pequeño paraíso de curvas para quitarla. El proceso es un poco incomodo para una sola persona, entre dos se hace mas fácil, pero desde luego no es rápido, aunque si tiene su encanto. Es como, desenvolver un enorme regalo que te han hecho, solo que con funda y en el garaje, ilusionante¡¡. El toldo tiene un tirador en el centro del parabrisas que lo libera manualmente y justo detrás de los asientos un click con rosca y un pequeño gancho, en la tapa del motor dos ajustes que entran a presión, se enrolla fácilmente y cabe perfectamente en la parte delantera del capo trasero.

Con el toldo quitado luce con todo su esplendor, es como un barqueta y ya me apetecía quitarle los controles de tracción y estabilidad (PSM), pulso la tecla de Sport Plus (parámetros mas agresivos de la respuesta del acelerador), y la que esta al lado, con un dibujo de dos escapes que es puro placer para los oídos, si me llego a dar cuenta antes la habría llevado permanentemente encendida, que sonido más maravilloso ¡¡¡¡¡, ponemos el PDK en manual y con el cielo bajo mi cabeza y la calefacción puesta ya estoy deseando acelerar entre curva y curva escuchando el respirar del coche.

Salgo de la gasolinera, con los gritos de ánimo de los empleados para que hiciera sonar los escapes, y empiezo a enlazar curva tras curva, primero con cierta prudencia y luego animándome más a explorar el coche hasta donde fuera posible.

El paso por curva de un coche con motor central siempre es sorprendente, es noble en el sentido de que no notas las inercias de vehículos con el peso del motor en las ruedas delantera, por muy equilibrado que sea nunca puedes sentir esa sensación de girar con el coche como en un motor central y sobre todo en un Porsche Boxster o un Cayman y en este caso no podía ser de otra forma.

El Spyder gira por donde le dices, pisas el pedal de freno y se para, su suspensión esta fantásticamente tarada, dura pero no incomoda, el cambio es sensacional (no podía ser de otra manera con lo que ha tardado Porsche en incorporarlo a sus vehículos, nada que ver con el pasado triptronic) y tracciona muy muy bien (autoblocante de serie. Hay que tener en cuenta, que si sobrevira, lo hace muy rápido y no hay mucho tiempo de reacción, pero para que lo haga hay que acelerar donde no se debe y buscarle mucho las cosquillas, hasta en mojado el coche es noble pero ahí hay que ir con extremado cuidado o con la electrónica vigilándote. Desde luego no es un coche para ir haciendo cruzadas salvajes, de todas formas si nos pilla un sobreviraje por sorpresa para no complicarnos con levantar el pie del acelerador esta resuelto, una ventaja mas de las “inercias” del motor central.

Sin ningún genero de dudas, Porsche ha creado un coche maravilloso para divertirse con justa contención, esos 320 cv se dejan exprimir y disfrutar en una carretera secundaría y retorcida sin necesidad de anhelar mas potencia (creo que hay muy pocos coches en el mercado tan rápidos en esas circunstancias), suena maravillosamente bien, es muy exclusivo y hasta podemos meternos a disfrutar de lo lindo en un circuito.

Lo que me hace pensar es el precio …… nuestra unidad tenía un precio de tarifa con las opciones de 92.000 euros aproximadamente, si a un Boxster S le añadimos los extras del bloqueo del diferencial del eje trasero, el paquete sport con escape deportivo y llantas de 19, los baquets, el cambio PDK (es mas ligero que el manual), y la suspensión electrónica nos ahorraríamos 7.000 euros y sería mucho mas confortable de utilizar por su capota aislada y eléctrica ……………. pero sin lugar a dudas pesaríamos casi 200 kg más y no se parecería ya tanto a uno de esos deportivos de antaño a los que anhelábamos antes de empezar la prueba y desde luego este Spyder nos los recuerda.

Si esta semana me toca la primitiva, me lo compro¡.

Porsche Spyder, la belleza de lo puro