España va a poder ver en la XXXII Edición de la Mostra de cine de Valencia el último de los homenajes a Ayrton Senna. Y este va a ser de verdad, de los que nos va a hacer sentir, vibrar y llorar.

Documental de una vida de leyenda, la cinta, dirigida por Asif Kapadia, permitirá ver la creación del ídolo cuya muerte, en aquella fatídica curva Tamburello, fue vista en directo por cerca de 300 millones de personas. Una curva a 216 Km/h, una barra de suspensión y una ventana en su casco por el que entrar la muerte, hizo que hace diecisiete años se nos fuera el mito que hoy nos trae hecho hombre la película inglesa.

La cinta, una pura sobredosis de adrenalina, ha sido galardonada en el famoso festival Sundance con el World Cinema Audience Award Documentary, y en ella se recrea, a partir del fin de semana del Gran Premio de San Marino, la vida de este ídolo que, como él decía, conseguía estar en contacto con Dios en alguna de las lecciones de conducción que han pasado a la historia del automovilismo.

Solamente tuvimos diez años de maestría, pero algunas de sus clases quedarán para siempre en nuestras retinas. Como la de Mónaco en 1984 donde, en una pista calada hasta los huesos, un jovencito proveniente de la F3 hizo volar su Toleman TG184-Hart con doble alerón trasero desde la posición treceava hasta la segunda en tan solo treinta y un vueltas. Fue, justo en ese momento, cuando un director de carrera (ya viene de lejos quitar espectáculo) “dio” la victoria a Alain Prost parando la carrera con Senna quitándole un segundo por vuelta. En Montecarlo, en mojado … ni se ve¡¡.

Volviendo a la película. Todos estamos pendientes de su estreno en España. A los más viejos nos hará recordar como empezamos a empaparnos de gomas, monos y banderas a cuadros. A los jóvenes que oyeron hablar de un dios, la película lo convertirá en hombre. A todos los que vayan al cine saldrán con la amarga sensación de que un accidente acabo con el más grande de la historia de la formula 1, Ayrton Senna Da Silva.

Por cierto su última carrera la ganó un hombre, un tal Michael Shumacher, pero no un dios.

Ayrton Senna da Silva