Tengo un amigo con una interesante teoría sobre los coches. Él tiene un Porsche 968 y mantiene, con toda la razón del mundo, que los coches están para disfrutarlos. Sí, los cuida como el que más, los mantiene sin reparar en gastos, les compra los mejores componentes, le molesta que te apoyes en ellos…

Pero cuando llega el momento de conducir, es el primero que disfruta. Sabe que todos esos gastos le proporcionan una máquina capaz de llevarle a Spa, al Ring o a cualquier circuito, sabe que no tiene porqué romperse, sabe que lo ha comprado para usarlo, así que lo que toca es dar gas. Y a fe de Dios que gas, da. Así lleva casi 250.000 km con su 968, difícilmente un coche ha podido ir más a fondo que ese.

Al ver el vídeo que os recomendamos hoy no he podido evitar acordarme de él y su forma de entender los coches. Hay gente que dice que si le toca la lotería se compraría tal o cual coche, ¿pero después qué? El único hierro que yo guardaría en el salón de mi casa es un Ferrari 288 GTO, y eso porque sólo lo compraría después de un F40 que sí llevaría por ahí de rutas y circuitos. Me parece más bonito y tiene menos potencia y más peso, con lo que debería ser prestacionalmente peor, además de mucho más escaso, así que puede servir para mirarlo si ya tienes otras cosas.

El propietario o al menos conductor del Enzo del vídeo vaya si disfruta del coche. Le da toda la cera que toca, disfruta de las posibilidades del coche a la hora de ir rápido y en algún momento se inventa alguna que otra cruzada de cara a su acompañante, como cuando le dice con un gesto que está saliendo de lado en una larga de izquierdas en… ¡cuarta!.

Por otro lado es un placer ver desde fuera cómo se comporta el coche. Cómo se agarra cuando se tiene que agarrar, cómo se mueve cuando se tiene que mover y cómo pasa a los demás coches del circuito, que, vayan rápido o lento es destacable la manera de arrancarles las pegatinas.

Eso es disfrutar de un premio, pero te tiene que tocar mucho, eh?

Qué hacer con un Enzo si te toca la lotería.