Hubo un tiempo, cuando los grandes dinosaurios se extinguieron de los bosques de asfalto dejando desolación, una nueva especie apareció en la historia reciente para recordarla y desearla. Un especie que con su agudo rugido hacia vibrar las cunetas de los tramos. Una especie felina, salvaje y rápida que cortaba el aire.

Cuando los Grupo B se prohibieron debido a las profundas cicatrices de peligro que dejaron en el mundial, el espectáculo tenía que continuar y los Grupo A formaron parte de él para convertirse por evolución en World Rally Cars. Estos últimos convivieron con una creación automovilística maravillosa, fruto de la ingeniería, la pasión y la supervivencia de las marcas. Si los Grupos B se paseaban por la sabana africana como los reyes de la selva, estos arrancaban el asfalto cual guepardos salvajes contagiados por la rabia. Eran los Kit Cars.

Los kit cars aparecieron en el escenario de las pruebas automovilísticas porque las marcas francesas Renault, Peugeot y Citroën no tenían desarrollado un Grupo A. Ese fue el motivo para que el hombre que llevo la marca Renault, representada en un coche de competición, a el Líbano, Turquía, África entre 1969 y 1975, Patrick Landon, sugiriera la idea de crear una nueva categoría en las carreras basada en coches de serie.

Las limitaciones exigidas por la FIA eran; motor de 2 litros 16 válvulas que rendían 280 cv, admisión libre, cajas secuenciales, suspensiones evolucionadas al máximo y tracción delantera, esto último debido a las marcas que lo desarrollaron. Estéticamente eran coches preciosos, con un espectacular ancho de vías y con poco peso; 940 kg.

Hay un binomio piloto/coche que personalmente siempre me ha encantado y solo con ver la tensión y la agresividad con la que conduce este tipo me deja hipnotizado. Guilles Panizzi no se cayó en una marmita de gasolina cuando era pequeño, aunque lo pudiera parecer. Nació en Francia, fue piloto de Peugeot durante cinco años y campeón francés en 1996 y 1997 con el 306 Maxi, para mi gusto el más bonito de todos. Marcó scrachs en tramos del mundial con el kit car y ganó tres veces el Rally de San Remo, dos el Rally de Córcega y otras dos el Rally de Cataluña con un 206 WRC. Vamos que el hombre no sabe ni hacer el punta tacón. Ver a Panizzi con el gesto tenso de concentración esperando la salida, su respiración acompasándose con el esfuerzo, la velocidad del cambio secuencial, los movimientos corrigiendo la dirección ……. en resumen, conduciendo al 110% una maquina que es pura dinamita en un tramo de rally, todo parece a cámara rápida. Un disfrute.

Con los fabricantes potentes desarrollando los kits cars y metiendo en ellos toda la tecnología y sapiencia, consiguieron hacer correr unos pepinos de quitar el sentido, coches oficiales capaces, en seco, de ganar a los F1 de los rallyes, los WRC, en las pruebas del mundial.

Opel, Ford, Skoda, Hyundai, Seat, Nissan, Volkswagen y Rober, construyeron sus kit cars pero fueron Citroën, Renault y Peugeot los que más éxitos cosecharon en diferentes pruebas del mundial y entre los aficionados.

En 1999 en el rally de Cataluña, Philippe Bugalski entro en la historia al convertirse en el primer piloto que, con un kit car, gana una prueba del mundial. El francés se impuso con su Citroën Xsara a un tío que no era manco, Didier Auriol con su Toyota Corolla WRC y le aventajó en treinta y dos segundos en la clasificación general. Se impuso en 5 de los 18 tramos disputados y dejó atrás a algún conocido, Tommi Makinen con su Mitsubishi Lacer a más de dos minutos y Richard Burns con su Impreza a cuatro minutos. Bugalski también se llevo el triunfo en el Rally de Corcega, apretando a su Citroën por tramos con asfalto seco. Entonces en la FIA saltaron todas las alarmas.

Viendo el percal, el oráculo que decide el destino del deporte del motor, fue limitándolos; 40 kg de peso extra, catalizador y nada de diferenciales activos, con lo cual perdieron algunas prestaciones pero seguían siendo espectaculares. Ver por los tramos al Peugeot 306 maxi o al Xsara Kit car eran todo un espectáculo. Por las manos del desconocido Jean Ragnotti pasaron los Clio y el Megane maxi pero este Señor merece su página a parte.

Su final comenzó con las limitaciones, el declive del mundial de dos ruedas motrices y las imposiciones de la Federación Internacional. Los Super 1600 los relegaron a campeonatos nacionales y más tarde a pasar a correr donde podían. Todo lo bueno se acaba.

Sin embargo a mí que siempre me han gustado los felinos, sigo pensando que cuando me toque el «gordo-millón», me iré a Francia a buscar uno. Y ya que los costes de mantenimiento no van a ser para un problema, me pasearé con mi 306 Maxi por los tramos de Asturias y disfrutaré, en la medida de mis posibilidades, del coche de rally de tracción delantera con más carácter de los que se han construido.

Tracción delantera espectacular, disfrutable y exigente Fer 😉

Todo lo bueno se acaba