Silverstone. Al pronunciar el nombre del mítico circuito nos llegan imágenes de tradición inglesa, de campiñas, del te de las cinco, pero sobre todo percibimos el gusto de la competición, el olor a gasolina, el ruido de motores. Sentimos la Fórmula Uno en estado puro.

Este fin de semana el campeonato llega a su cuna, llega al lugar donde nació. Llega el Gran Premio de Silverstone.

Los Grandes Premios tienen sus orígenes en la Francia de finales del siglo XIX, competiciones llenas de accidentes y defunciones de pilotos y viandantes. El campeonato de Fórmula Uno tiene su cuna en un aeródromo de la Royal Air Force (RAF), tiene su cuna en Silverstone lugar donde celebrará este domingo el noveno Gran Premio del Campeonato de la Fórmula Uno.

Si algo huele a historia en la competición que hoy mueve millones de dólares, es este trazado inglés. En él casi podemos apreciar, más con la nostalgia que con la realidad, las tres pistas de despegue y aterrizaje del antiguo aeródromo de la Segunda Guerra Mundial. Recordamos la primera carrera disputada en 1950. Imaginamos la primera victoria de Ferrari en 1951 a manos de “Pepe” González y el repicar de campanas en Maranello. Sentimos el vacío que tuvimos al anunciar Jackie Steward su no inclusión en el calendario del año 2005. Rememoramos la lección de Lewis Hamilton en 2008. El Gran Premio de Silverstone es Fórmula Uno.

El 13 de mayo de 1950, el rey de Inglaterra Jorge VI y la reina Isabel pudieron ver como veintiún pilotos tomaban la salida del primer campeonato Fórmula Uno con “representantes de la Argentina, Italia, Francia, Mónaco, Suiza, Siam, Irlanda y Gran Bretaña” tal como decían las críticas. Veintiún pilotos a bordo de Alfa Romeo, Maserati, Bugatti, Talbot, coches ERA y Alta, pero con la ausencia de Ferrari sobre su asfalto. El comunicado de la fábrica italiana llegó faltando noventa y seis horas del comienzo de la carrera “La fabrica Ferrari considera que sus autos necesitan algunos ajustes para enfrentar con éxito a los Alfa Romeo, cuatro de los cuales participarán del G.P”. En los años cincuenta es más que probable que no existieran tifossi en los circuitos, ni Ferrari generará tanta pasión en el planeta. Si lo trasladásemos a día de hoy, si alguien de Maranello dijera que no compiten porque Red Bull es inalcanzable, a las pocas horas estaba viendo las carreras por televisión.

La carrera del año 50 empezó con Giuseppe Farina en la “pole” seguido de Fagioli, Fangio y Parnell, todos pilotos de la escudería Alfetta. Al finalizar la misma, tras adelantamientos, accidentes y paradas para reabastecimiento, ocuparon el mismo orden a excepción de Fangio, el cual tuvo que abandonar al romperse un conducto del aceite. Farina ganó la primera carrera y el primer mundial y el Circuito de Silverstone se convirtió en, junto a Ferrari, el último vestigio de los inicios de una competición que, aunque haya perdido parte del encanto nostálgico de antaño, apasiona a seguidores de todo el planeta.

El domingo, al finalizar la carrera, alguien subirá a lo más alto del podium del remodelado circuito y cuando levante el trofeo, cualquiera de los antiguos pilotos que por ese asfalto han triunfado, le mirarán con la envidia que produce conducir y ganar en el trazado que es historia viva de un deporte que, a pesar de los millones de dólares que le rodean y los años que han pasado desde su origen, consiste en lo mismo, ser más rápido que tu rival.

Gran Premio de Silverstone