Llevamos años queriendo simular la realidad, vivir sensaciones sin riesgo. Lo hemos visto en las películas; irte de vacaciones desde una clínica o meterte en la cama con la misma Megan Fox. Todo virtual. A mí lo de la Fox me mola, pero antes de tomarme la pastilla del amor compartido decidí pasarme por Sim Race.

Center Sim Race es la joven empresa asturiana que me iba a poner a los mandos de dos coches que me apetecía probar; el Ferrari 150 Italia de Fernando Alonso y el Ford Fiesta Super 2000 que compite en el IRC. Tenía muchos más coches donde escoger, otros Fórmula Uno, F3, Renault Clio Cup, GT´s, Super 1600, World Rally Cars, Grupos N … etc, pero meterme virtualmente en el coche del bicampeón asturiano me hacía mucha ilusión y el Ford Fiesta Super 2000 me parecía apropiado para mi nivel, me veía con una mano trazando paellas mientras saludaba al público con la otra. A lo Carlos Sainz en su último Rally de Catalunya.

Cuando nunca has probado un simulador de conducción deportiva y solo has visto a Jaime Algersuari antes de las carreras sentado en el simulador de Red Bull, te imaginas que va a ser coser y cantar. Prevees cierta dificultad, pero no tienes la mente preparada para lo que te vas a encontrar. Así que mientras Alberto, gerente de Center Sim Race, me explicaba cómo funcionaba mi entorno de disfrute, iba imaginándome como sería acelerar con el Ferrari.

Center Sim Race tenía preparados en sus instalaciones dos simuladores, uno para rally y otro para circuitos. Cada uno de ellos pretende simular el entorno donde un piloto se sienta, acercándose lo más posible a realidad. Los mandos de un monoplaza y de un Super 2000 son distintos. Para el simulador de conducción deportiva de circuitos hay que tener un cambio en H o detrás del volante con las levas, para el simulador de conducción deportiva de rally tienes que tener la palanca del freno de mano, pedales diferentes al monoplaza y un cambio secuencial. Como todo es software, los distintos coches se pueden combinar en los simuladores, quitar o añadir accesorios para reflejar un puesto de conducción en particular. Alberto tenía para enseñarnos un pedalier de competición que daba gusto mirar para él. Era un pedalier de carreras que había que probar con estrechos botines de competición, una maravilla tecnológica y real.

Y llegó la hora de sentarse en el baquet del Ford Fiesta Super 2000. Para meterse en el asiento hay que hacerlo con cuidado porque el volante y la palanca están apoyados sobre barras de aluminio desmontables y ajustables, lógicamente no tiene la solidez de un coche pero para meterte no la necesitas. Una vez sentando todo se ajusta a las medidas del piloto para que se encuentre cómodo, y cuanto tu postura es perfecta te pones el arnés, lo aprietas bien y Center Sim Race arranca su simulador de conducción deportiva colocándome en la salida de un tramo de rally.

La cosa ya se me estaba complicando y no había ni salido, el casco, el sonido estéreo del simulador, los arneses apretándome contra el baquet y las cuatro veces que se me caló el Ford Fiesta Super 2000 me ponían en situación. Tuve que cambiar totalmente la actitud porque me empezaba a dar cuenta por primera vez que las cosas se iban a poner serias. Lo intente de nuevo, ya con cierta presión y escuchando alguna que otra risita, meto primera y los motores sacuden el baquet, suelto el embrague despacito manteniendo el motor a 3000 rpm y por fin estoy en el tramo, sintiendo las sensaciones de un coche de carreras gracias a los movimientos de los hidráulicos y con el horrible presentimiento que el Ford Fiesta Super 2000 ha sido demasiado para mi, le voy pegar un bombazo en la primera paella a la que llegue pasado de vueltas.

Y pensaba eso realmente porque sentía que estaba en un coche de carreras de verdad y que se me acumulaba el trabajo. El sonido, las sacudidas del baquet simulando G´s, empujándome hacia atrás en aceleración con cada cambio de marchas y hacia delante en las frenadas, uf que difícil que es cogerle el punto a un pepino de rally. Algo que me descubrió el simulador de conducción deportiva es que, a pesar de la tracción total de los Super 2000, casi se comportan como un tracción trasera y eso también me estaba complicando la vida.

Estuve como veinte minutos defendiéndome por el tramo como podía, más bien mal, sintiendo la capacidad de aceleración de un Ford Fiesta Super 2000, su frenada y la rapidez en los cambios de dirección. También me di cuenta de que su velocidad máxima se queda corta, no me extraña que los Porsche GT3 del nacional se los merienden en tramos rápidos con el asfalto seco. Al salir del baquet tuve la extraña sensación de sentirme un poco cansado, ¿pero qué pensaba?, esto es un simulador de conducción deportiva y no he parado de hacer movimientos rápidos con las manos mientras me sacudía un coche de rally.

Sin tiempo para respirar, y con las sensaciones bien aprendidas de cómo era esto de la realidad virtual, me senté por fin en el coche de Fernando Alonso e iba a rodar con él por el Jarama. En el simulador de conducción deportiva de F1 las sensaciones son mayores y los movimientos también. Eso lo aprendí en la frenada de Fangio, en al final de la recta del Jarama, casi se me parte la rodilla contra la barra que sostiene el volante por ajustar los pedales como en el Ford Fiesta Super 2000. Es tal la deceleración con el fórmula uno que el simulador la trasmite con una fuerte inclinación del baquet hacia delante. No es lo mismo sentarse en un coche de rally que en un monoplaza. Esto es realidad virtual.

Con el Fórmula 1 me defendí mejor porque me conocía el trazado de Jarama, y porque Alberto me programó el Ferrari 150 Italia con el control de tracción vigilándome, y aún así me marqué unos cuantos trompos al buscar acelerar antes a la salida de las curvas o en algún apoyo rápido con demasiado gas y con una rueda trasera pisando un piano. Pero disfruté mucho más. El simulador de conducción deportiva de un fórmula uno explota las posibilidades de la maquina al 100% y eso se nota en el baquet, que es el que tiene toda la responsabilidad de transmitirte lo que sientes. Cada bache del Jarama, los peraltes, y sobre todo las eses de Ascari son impresionantes, las sientes de verdad y te imaginas rodando más a lo Felipe Massa que a lo Fernando Alonso.

Al finalizar la experiencia tenía ya el gusanillo metido de querer seguir rodando prque le empezaba a coger el tranquillo. Aún con ese poco más de confianza me quedaba todo un mundo de cosas por explorar, reglajes de suspensiones, relaciones de cambio, ajustes aerodinámicos, presiones, muelles, diferenciales …. etc. Todo lo que puedes hacer para exprimir un coche de carreras de verdad lo puedes calcar en el simulador de conducción deportiva de Center Sim Race, y puedes hacer las pertinentes modificaciones para arañar décimas y probar si las cosas funcionan.

Center Sim Race emplea sus simuladores de conducción deportiva, que montan y ajustan en Asturias después de que el software les llegue de diferentes países, para alquilarlos para todo tipo de eventos y pilotos. Cualquier piloto puede sentarse en el simulador para pulir sus defectos, para entrenar o para probar reglajes durante el tiempo que contrate con Center Sim Race. Y toda empresa puede contar con sus ingenios en cualquier parte del mundo para el disfrute de una fiesta privada, de un salón del automóvil o de lo que se le ocurra a su organizador.

¿Qué te quieres llevar uno a tu casa?, habla con Alberto. Todo es posible

Simulador de conducción deportiva Center Sim Race