Hace unas horas que la etapa del Tour de Francia ha terminado, durísima etapa. Mientras veía como se retorcía Tomas Voeckler el mallot amarillos del tour, en su Colnago a 2.645 mts de altitud, pensé en si hay deporte en el que se realice un esfuerzo tan exigente mental y físicamente. Y me acorde Ayrton Senna.

El ciclismo es salvaje. Es salvaje cuando se ve en la televisión y es salvaje cuando te vas con tu bicicleta te pilla un día malo y te pasas luchando contra la mente que te pide parar cada metro. También es un deporte lleno de controversia sobre si toman o no alguna sustancia milagro, es criticado a la vez que admirado, pero hay algo indiscutible, es duro. Una gran vuelta como el Tour con 23 días y 3.430 km requiere un esfuerzo sobrehumano bajo cualquier circunstancia. Como el que hizo Ayrton Senna en el Gran Premio de Brasil 1991, el Circuito de Interlagos fue testigo.

A muchos de los que nos gustan los coches de carreras y la Fórmula Uno, con Ayrton Senna se nos llena la boca. No ha existido piloto con el talento de Senna, y creo que nunca lo habrá, más que nada porque todo ha cambiado tanto en este deporte que ni los coches son iguales ni el deporte en si tampoco. Un F1 de 1991 requería al pilotarlo mucho más esfuerzo físico que en el 2011. Sin embargo, curiosamente, los pilotos de ahora están mucho más preparados fisicamente que los de antes.

¿Qué paso en el Gran Premio de Brasil en 1991 y con Ayrton Senna? Ayrton llevaba ocho temporadas sin ganar en su tierra natal, y en la segunda carrera del campeonato de 1991 se plantó en Interlagos con su McLaren y con todas las ganas de vencer. Senna era la ilusión de un país que en aquella época pensaba que lo único bueno de Brasil era Ayrton. Y el circuito se lleno con las ganas y la ilusión de ver triunfar a su ídolo.

Solo quedaban seis vueltas para el final y Ayrton Senna iba liderando la carrera con comodidad, seguido de Ricardo Patresse, cuando su McLaren se quedó solo con la sexta velocidad y tuvo que realizar las vueltas restantes solo con esa marcha. La carrera la acabó absolutamente destrozado, con calambres en el cuello y con un terrible dolor en los hombros, pero empujado por un público que lo adoraba y su fe.

Digno de recordar y de ver como en alguna ocasión el esfuerzo físico de un deportista roza umbrales que ningún «mortal» puede resistir.

En memoria de Ayrton Senna da Silva

Ayrton Senna en el Gran Premio de Brasil 1991