Australia y Nueva Zelanda nos pillan un poco lejos, más de quince mil kilómetros nos separan, pero a pesar de la enorme distancia, en esto del motorsport, nos gustan las mismas cosas. En Oceanía se celebra una de las competiciones más espectaculares del mundo; la V8 Supercars.

El mundo es muy grande, y los gustos, en algunas cosas, son siempre los mismos. A los australianos y a los neozelandeses les encantan, como a nosotros, las carreras disputadas, con coches de motores gordos, y con muchos participantes. Para satisfacer sus necesidades en esto del motorsport tienen su propio Campeonato Australiano de Turismos, llamado V8 Supercars.

Las carreras de los V8 Supercars se celebran en todos los estados de Australia, en Nueva Zelanda, y en Abu Dhabi, donde este año arrancaron los motores, y son espectaculares. Catorce carreras componen el campeonato del 2011, y desde febrero, hasta diciembre, llenan hasta los topes de espectadores cada circuito por el que pasan, doscientas cincuenta mil almas se acercan a disfrutar de cada evento.

El campeonato, regulado por la FIA, intenta contener los costes, y tener en pista auténticos pepinos, que sean rápidos, espectaculares, y atractivos para la televisión, y los espectadores. Los dos modelos de coche que participan son; el Ford Falcon, y el Holden Comodore, este último fabricado por General Motors. Mucha variedad de vehículos no hay, pero los distintos equipos, y la cantidad de coches en parrilla garantizan el espectáculo.

Los V8 Supercars son coches de tracción trasera y motor delantero, a la antigua usanza. Este propulsor tiene que ser un ocho cilindros en V, de 5.0 litros construido por Ford, o por Chevrolet, depende del modelo. La potencia se mueve entre 620 y 650 cv, y la entregan a un máximo de 7.500 rpm limitadas electrónicamente.

Los coches se construyen como auténticos vehículos de carreras, y como en otras competiciones mundiales, hay restricciones en las pruebas privadas realizadas por cada equipo, con el fin de contener los gastos. El número de neumáticos también están limitados, y es Dunlop el fabricante suministrador de las gomas.

En la V8 Supercars hay varios tipos de carreras; de resistencia de larga y media distancia, y las carreras de 78 vueltas habituales en otras competiciones. La prueba reina del calendario es la Barthust 1000, un carrerón de 1000 km, en un complicadísimo circuito en el que se combinan las largas rectas, con curvas casi de puerto de montaña.

Cada V8 Supercar cuesta 600.000 euros, y cada motor 130.000 aproximadamente. En cada carrera se van algunos miles de dólares en destrozos, porque golpes y accidentes hay en abundancia.

Como curiosidad, Chris Dayer, el hombre sobre el que cayó la responsabilidad de aquella errónea decisión en el Gran Premio de Abu Dhabi de 2010, que le costó en mundial a Fernando Alonso, se tuvo que marchar a Australia a dirigir el Holden Racing Team, debido a que en Ferrari no le habían encontrado un puesto en la escudería. El equipo de V8 Supercars es uno de los más importantes del esa competición, y fue donde trabajó Dayer antes de llegar a la Fórmula Uno en 1997.

Puro espectáculoV8 Supercars