Hay veces que el paso del tiempo engrandece los recuerdos. Lo que antes era un disfrute habitual después de unos años se convierte en leyenda. ¿Como veremos la F1 de ahora con treinta años más? ¿Pensaremos en Lewis Hamilton como un dios del espectáculo ?¿En Fernando Alonso como el profesor de nuestro tiempo?

Estas preguntas me las hago de vez en cuando, y para contestármelas tiro de mi baúl de los recuerdos mental, y pienso en situaciones que vivieron los pilotos de Fórmula Uno de principios de la década de los ochenta, en las carreras de aquellos tiempos, el significado de competir en esos años, en la magia de la televisión, y en la vida de quienes formaban parte del Gran Circo. Y uno de esos recuerdos es el de Nigel Mansell en el Gran Premio de Dallas de 1984, ese fue el día en el que un león herido mordió con rabia.

En el Gran Premio de Dallas de 1984 se montó un circuito urbano alrededor de un complejo educativo y recreativo ubicado en Dallas, Texas, llamado Fair Park. La carrera se disputaría el 8 de Julio, un mes donde las temperaturas en la ciudad son extremadamente altas. En 1953 el sol abrasó Dallas como un horno de cocer pizzas, 42 grados centígrados hicieron sudar a sus ciudadanos, y treinta y un años después, en 1984, el rey astro les iba a dar a los reyes del mambo de la F1 una calurosa bienvenida.

Con 38 grados centígrados el Gran Circo de la Fórmula Uno aterrizó en Dallas. Allí se plantaron el padre de Nico Rosberg, Keke Rosberg campeón del mundo en 1982 con su Williams, René Arnoux con Ferrari, Elio de Angelis con Lotus, Derek Warwick con aquel precioso Renault Elf, Nelson Piquet con Brabham, Nikki Lauda, Alain Prost, Ayrton Senna ….., los grandes de la historia se encontraron en el Gran Premio de Dallas de 1984, y además Nigel Mansell. Un león entre unos cuantos pájaros.

Nigel Mansell corría para Lotus, otro precioso monoplaza con las letras de John Player Special, y lo hacia con muy poca confianza por parte del nuevo manager del equipo Peter Warr. Mansell se sentó por primera vez en un fórmula uno en 1980, y hasta el Gran Premio de Dallas de 1984, había llamado más la atención por sus muchos abandonos en pista que por sus cualidades. Warr no lo veía con muy buenos ojos, y lo conservaba en el asiento de su Lotus porque su gran patrocinador, John Player Special, era británico como su piloto. El Sr. Warr tenía un cariño especial hacia Mansell, de esos cariños que nunca quieres perder. Cuando el inglés se fue de su escudería dijo de él; «Mansell nunca ganará un Gran Premio mientras tenga un agujero en mi culo». ¿Para qué quería su ano Peter Warr si ya tenía la boca?.

El Gran Premio de Dallas de 1984 se presentaba tremendamente caluroso, los pilotos hablaban de cancelaciones, Niki Lauda y Alain Prost, intentaron boicotear la carrera haciendo grandes esfuerzos políticos para convencer a los demás pilotos de que no se podía conducir bajo ese sol abrasador. Seguro que fue el francés el que tuvo la idea, menudo elemento era Prost, era tan buen piloto como conspirador.

En los libres del viernes, Nelson Piquet que también era fino, no paró de preguntar y preguntarse que se rompería antes, si el circuito, los pilotos, o los motores de los coches. Los pilotos de Lotus, Nigel Mansell, y Elio de Angelis decían que el sofocante calor hacia que las condiciones en pista fueran las más duras en las que habían corrido en su vida. Seguro que a ninguno de ellos les faltaba razón. Goodyear, que montaba sus neumáticos en algunos coches de la parrilla, registró la temperatura más alta de asfalto en sus veinte años de carrera; sesenta y seis grados centígrados.

Los mayores intereses, en eso nada ha cambiado, los tenía Bernie Ecclestone. Noventa mil espectadores deseaban ver a sus ídolos, e iban a aguantar al sol como lagartijas solo por el placer de ver los coches, y los pilotos mejores del mundo rodar en Dallas. Y claro, como se iba a suspender una carrera donde el malévolo JR de la serie Dallas iba formar parte del espectáculo de la salida.

La carrera Gran Premio de Dallas de 1984, se celebró a las once de la mañana del domingo, tres horas antes de lo previsto debido al calor. Y los libres, antes de la carrera, a las siete de la mañana. Para algunos demasiado pronto, Jacques Laffite, se presentó en el circuito en pijama, seguro que pronto no se había acostado, y seguro que solo tampoco, menudos eran en aquellos tiempos.

El león, Nigel Mansell, se llevó su primera pole en la F1, y desde la primera posición comenzó una carrera llena de fallos de motor, y abandonos. EL ganador del Gran Premio de Dallas de 1984 fue Keke Rosberg, seguido de René Arnoux, y en tercer lugar Elio de Angelis. Seguro que lo Rosberg tuvo mucho merito, el quiso por todos los medios que este Gran Premio se celebrará, y se llevo la victoria. Y mérito tuvieron también todos los que acabaron aquella carrera en un circuito urbano que parecía el lugar perfecto para Lauwrence de Arabia.

Pero el que más se lo curro, y que tuvo más arrojo, y la capacidad mental y física de un león herido fue Nigel Mansell. Casi llegando a la meta la caja de cambios de su Lotus dijo fin, eso no debe hacer mucha gracia a ningún piloto, y más cuando llevas luchando por aguantar y finalizar una carrera con 40 grados centígrados calentando el aire. Mansell, que estaría reventado, salió de su coche, y lo fue empujando hasta que cruzó la línea de meta y cayó desmayado. Acabó en sexto lugar, y se llevo un punto para el campeonato.

Nigel Mansell tenía la fuerza de un león. El año en que fue campeón de la Fórmula Ford, 1977, se había roto el cuello en la sesión de clasificación en Brands Hacht, estuvo al borde de la tetraplejia, los doctores le habían calculado seis meses de recuperación, y nada de carreras, pero él, mucho antes de lo previsto, se marchó del hospital y se llevó el título ese año.

Nigel Mansell volvió a sufrir un accidente grave dos años después. En 1979 en un golpe con Andrea de Cesaris se volvió a romper las vertebras. Poco después Colin Chapman, el dueño de Lotus, le llamó para una prueba, y el inglés se presentó disimulando su lesión, y con una buena dosis de analgésicos en el cuerpo. Allí se hizo probador de Lotus y entró en la Fórmula Uno.

Con cosas así como no vamos a añorar esas hazañas de coches de carreras, y de hombres con voluntad por encima de la capacidad de su cuerpo.

Aún así pienso que no se puede seguir viviendo del pasado, aunque nos guste agitarlo. Seguro que con los años, algunos de los hombres de la parrilla actual contarán historias que serán también dignas de recordar.

O eso espero

Nigel Mansell en el Gran Premio de Dallas 1984