A lo largo de la historia hubo un Gran Premio especialmente emocionante. Dos pilotos se jugaban el mundial en la última carrera del año. Uno de ellos era James Hunt, el otro Niki Lauda. A uno le parecía que cada día se iba a acabar el mundo, y el otro pensó, en ese mismo año, que su mundo se había acabado.

Niki Lauda de Ferrari, y James Hunt de McLaren, llegaron al circuito de Fiji, en Japón. Lauda venia de haber sufrido el accidente más grave de su vida. Su Ferrari se estrelló, y se incendió en el viejo circuito de Nurburgring durante la celebración del Gran Premio de Alemania de 1976. Milagrosamente solo estuvo seis semanas fuera de combate, pero eso hizo que el inglés, James Hunt, de McLaren llegara a estar a solo tres puntos del austriaco en la última carrera del mundial, el Gran Premio de Japón de 1976.

El de McLaren iba apretando a Lauda antes su accidente, y en esta carrera daría el cien por cien. Menudo era James Hunt, un piloto agresivo, que no sabía pensar durante las carreras, y además, llevaba una vida absolutamente loca, tan loca como si forma de conducir. El sexo, las drogas, y el alcohol eran sus placeres favoritos. No era un ejemplo para la juventud, pero si tenía algo que era digno de admiración, la superación de sus fantasmas. Sus miedos le llegaban siempre antes de subirse a su coche de carreras, James Hunt vomitaba de miedo, y luego me metía dentro del monoplaza. Una vez a sus mandos se transformaba, y prefería perder la carrera que quedarse asegurando su plaza.

Lo James Hunt era digno de cualquier rey del cine porno. Dos semanas antes del Gran Premio de Japón de 1976, él, con su compañero de fatigas Barry Sheene, campeón del mundo de motociclismo, se pasaron unos días de asueto donde se bebió de todo menos Fanta naranja, y se fumó hasta la plantación de plátanos de Fidel Castro. En esas festivas vacaciones se dice que Hunt se revolcó con nada menos que treinta y tres azafatas, justo antes de su última carrera, en la que lucharía por ser campeónato del mundo. Rocco Si Fredi era Papá Pitufo a su lado.

El 24 de Octubre de 1976, se plantaron en el circuito de Fuji, un austriaco con el rostro marcado de por vida por el fuego, y un inglés con el cuerpo lleno de marcas por su particular estilo de vida. Solo tres puntos separaban a Niki Lauda de James Hunt. Y en la clasificación el inglés con su segundo puesto dejaría claro que iría a por todas. Niki Lauda, con su Ferrari, le vería arrancar desde la tercera plaza.

El domingo de la carrera amaneció con una fuerte lluvia, y mucha niebla, los organizadores se plantearon la posibilidad de suspender el Gran Premio de Japón de 1976. Niki Lauda no estaba de acuerdo con que se diera luz verde a la carrera, era evidente que no le interesaba, además ya había vuelto a nacer en Nurburgring. El primer Gran Premio en Japón estuvo a punto de cancelarse, pero las gradas abarrotadas de personas dispuestas a disfrutar ejercían mucha presión sobre la organización.

El que no tenía ninguna presión era James Hunt, minutos antes de comenzar la carrera se cepilló a una azafata japonesa dentro de su box, más tarde vomitó de los nervios, y después de esta exquisita forma de relajación se dispuso a jugarse el mundial en un circuito lleno de agua.

Todos los pilotos comenzaron el Gran Premio de Japón de 1976 bajo condiciones infernales. Niki Lauda se retiró en la segunda vuelta alegando que era inseguro continuar la carrera, él fue el único piloto que abandonó la prueba. Supongo que lo que había ocurrido en Nurburgring también le marcó, le dieron la extremaunción y eso debe de condicionar hasta a un piloto de Fórmula Uno.

James Hunt solo necesitaba tres puntos para ganar el mundial, es decir con quedar cuarto sería campeón del mundo. En la vuelta sesenta y cuatro y mientras iba tercero Hunt sufrió un pinchazo, tuvo que entrar a boxes, volvió noveno a la pista. El inglés desesperado fue adelantando a diestro y siniestro, jugándose el tipo bajo esas horribles condiciones. Al bajar la bandera a cuadros salió de su coche indignado, y se fue directo a darle en todos los morros un puñetazo a su patrón, Teddy Mayer, pensando que había sido el culpable de esa derrota. Creía que había sido quinto, y al final entró en tercer lugar. El hombre esquivando el puñetazo le gritó que era el campeón del mundo.

Alegría suficiente para darse una de sus mejores fiestas.

James Hunt se retiró de la Fórmula Uno en 1979. Esa forma de vida le agotó, pero no sus excesos, el sexo, la drogas y el alcohol, ya que continuó con ellos. A finales de los ochenta empieza a ver la vida de otra manera, comienza a cuidarse, a hacer deporte, y deja el tabaco y el alcohol.

El 15 de Junio de 1993, el hombre que le gustaba andar descalzo, que decía siempre lo que pensaba, te tení demasiada mala leche, que sufrió tremendas depresiones, que se casó dos veces, que fumaba cuarenta cigarrillos al día, y que sobre todo era capaz de luchar contras su propios miedos, murió de un ataque al corazón.

El hombre del que dijo Niki Lauda; “que era el personaje más carismático que alguna vez ha estado en la Fórmula Uno”, murió solo unas horas después de que su joven y nueva novia aceptara su propuesta de matrimonio.

Una vida y un Gran Premio para el recuerdo.

James Hunt y Niki Lauda Gran Premio de Japón 1976