Tabernas, en pleno desierto de Almería, con uno de los mayores niveles anuales de horas de sol posibles (3000h) de toda Europa, una media de 18º a lo largo del año y unas precipitaciones escasas, aquí se encuentra el Circuito de Almería.

Un circuito más que sorprendente, con una longitud total de 4025m, una anchura entre 10 y 12 metros, 13 curvas y una chicane. Empezamos.

Nos encontramos en la recta principal, una recta que su parte final se hace en bajada para ponernos ya en dificultad en la primera curva de derechas. Al salir de ella, hay una ligera subida donde el giro lo marca el punto de inflexión del cambio de rasante, para tomar otra curva de derechas, a ciegas y rezando con que el coche entre bien. La próxima curva, de izquierdas, hay que tomarla por donde la cabeza te dice que no la tomes, para dar una curva de 180º y saliendo rápido para trazar tres curvas de derechas, intentado hacerlas en una misma trazada.

No llevamos la mitad del circuito y ya pensamos que el tiempo por vuelta se nos ha ido a tomar por c… Las próximas curvas, de izquierdas y de derechas de 90º nos vuelven a dar confianza de conseguir un buen crono, hasta que nos encontramos con otra nueva zona complicada, con una subida y otras tres curvas de izquierdas que se hacen en una misma trazada hasta llegar a la chicane, una de esas donde el coche se retuerce, el cambio de dirección nos bambolea, pensamos que nos salimos, rezamos para no trompear en la salida, gritamos, bueno esto último no, y salimos hacia dos curvas de 90º, con la salida abierta para salir rápido pisando el piano hacia la larga recta de atrás. En esta recta se puede ver la siguiente curva con claridad desde la distancia, que tiene una ligera subida, para ir pensando donde frenar, hasta que ese pensamiento se hace realidad demasiado pronto por miedo a pasarte y dar las siguiente curvas enlazadas de derechas e izquierdas mal, hasta llegar otra vez a la recta de meta pensando en lo errores que has cometido y que en la siguiente vuelta los vas a corregir, al menos lo piensas.

Una vez acabada la tanda de vueltas y salir del coche más cabreado que Thomas Voeckler subiendo el Alpe D’huez en el tour del 2011, te diriges a uno de los 20 boxes que cuenta el Circuito de Almería, pensando incluso en darte una ducha de las que dispone el box y relajarte con la conexión wifi interna del circuito.

A medio día, te puedes pasar por el restaurante rezando porque pongan unas migas estilo almeriense en el menú y comentar las dichosas curvas donde te has salido e intentas explicar que el fallo ha sido por culpa del efecto Coriolis provocado por la rotación de la tierra porque no tienes otra excusa.

La vuelta al circuito después de comer, con la seguridad de estar en un trazado con grandes zonas de escape y todo lo necesario para una eventual emergencia como el hospital y los 7000 metros de viales de servicio, la haces pensando en frenar más tarde y acelerar más pronto, hasta que llegas a la primera curva y el tiempo por vuelta se va a tomar viento porque has frenado muy pronto.

Circuito de Almería