Si soñara con un escenario perfecto para un rally, pensaría en carreteras estrechas, con muchas curvas, pasos de montaña con altura, donde el hielo y la nieve complicaran el resultado. Escogería compañeros como Delecour, Sainz, Kankkunen, Auriol, y Biasson. Esa prueba sería el Rally de Montecarlo de 1993.

El Rally de Montecarlo de 1993, es una de esas magníficas pruebas del mundial que dejan una marca en la memoria de por vida. Podría haber sido cualquier otra de las de aquella época, en las que cada carrera tenía un sabor épico que ha ido desapareciendo con el paso del tiempo, pero esta me gusta especialmente. Además, Montecarlo siempre me ha parecido la mejor, la más espectacular cita del mundial, y la más difícil, sobre todo en aquellos años. Aunque esto seguro que es discutible.

Cada uno de los rallyes del mundial tiene una pequeña historia detrás que es digna de ser contada, y el Rally de Montecarlo más.

En Enero de 1911, y gracias a la enorme rivalidad que había entre Niza y Montecarlo, comenzó la primera edición de una prueba que sería cita indiscutible en el calendario del mundial de rallyes durante muchos años, el Rally de Montecarlo, que empezó llamándose Rally de Mónaco.

El hombre que puso en marcha la maquinaría para poder llevar este rally al Principado, fue Anthony Noghés, hijo del presidente del Club Sport Velocipèdique el Automobile de Mónaco. Esta asociación mueve el automovilismo de este particular país desde tiempos inmemorables. Se creó en 1890, y en el año 1925 se empezó a llamar Automóvil Club de Mónaco. Esta sociedad es la encargada de organizar la Fórmula Uno, el Rally de Montecarlo, la Mónaco Kart, y el Rally de Históricos.

Para llevar a buen puerto todo el cotarro se necesitó dinero, así que la prueba fue financiada por la Societe des Bains de Mer, una empresa compuesta por los mejores hoteles, casinos, restaurantes, club de tenis, de playa, y de golf de Montecarlo, que eran parte implicada a la hora de restarle protagonismo al Carnaval del Niza. Para conseguirlo se puso una fecha principios de año, y concretamente enero. Ese mes se eligió con la única intención de publicitar el clima del Principado, en esa época, no era tan malo como se pensaba.

El primer evento fue un rally totalmente amateur. Los amantes de los vehículos deportivos y no tan deportivos, salían de cualquier ciudad de Europa, en un mes tan duro como ese, y tenían que llegar a la capital del Principado, sufriendo todo tipo de percances por unas carreteras infernales, y con un clima para escapar corriendo hacia Brasil sin pensarlo un solo segundo.

Veintitrés participantes salieron en pleno invierno de ciudades como Paris, Bruselas, Berlín, Viena, Ginebra,.. etc. Para definir el vencedor un jurado valoraba factores como el estado del vehículo, el número de ocupantes, y, evidentemente, la suma de puntos por el tiempo empleado. El primer ganador del Rally de Montecarlo fue Henri Louis Rougier. Un amante de la velocidad que llevó su Turcat-Mary desde Paris hasta las calles de Mónaco.

Este valiente señor recorrió, con un coche de 25 cv, 1020 kilómetros por carreteras que nada tienen que ver con las de ahora, y sin el confort de los coches de nuestro tiempo. Pasó por el Col de Turini, de algo más de 1600 mts de altura, una trampa de asfalto llena de curvas serpenteantes, seguramente lo cruzó por la noche, y sobrevivió a uno de los mejores tramos de rallyes del mundo. Se llevó el primer premio, aunque no fue el primero que cruzó la meta. Rougier ganó en base a la decisión de un jurado que valoró positivamente la elegancia del vehículo, la comodidad del mismo para su acompañante, y el estado en el que llegó a Mónaco.

Pero el hombre más rápido había sido el alemán, capitán del ejército Von Esmach, pero se quedó sin victoria. El revuelo que se montó en base a esta decisión le dio una publicidad al rally que no tuvo precio. Y fue la primera piedra para construir la montaña que hoy es el Rally de Montecarlo.

Desde 1911 a 1993 pasaron muchas cosas que forjaron la leyenda de un rally duro y difícil, hecho para los más valientes.

¿Pero qué ocurrió en 1993 para que este rally en particular fuera especial?

Una de las cosas más importantes eran las armas del los pilotos, los Grupo A.

Cuando los gigantes Grupo B se extinguieron, y después del cortísimo experimento de los Grupo S (Grupo B limitados a 300 cv), aparecieron en los tramos los Grupo A. Coches de carreras gordos, que no llegaban a las prestaciones de los Grupo B, pero que fueron espectaculares.

Los Grupo A eran vehículos de serie, de los que debían fabricarse al menos cinco mil unidades (en 1994 se bajó este número a dos mil quinientos) pero con máxima preparación. Se podían hacer modificaciones en el motor, árboles de levas y culata diferente, sistemas de alimentación … etc. Las transmisiones podían ser secuenciales con grupo corto y relación cerrada, llevaban diferenciales autoblocantes, y suspensiones de las buenas. Lo único que tenían que mantener era la carrocería, que debía ser igual a la de su hermano más humilde, el propulsor tenía que respetar la cilindrada y el bloque motor, el ancho de vías, y cotas. Es decir el coche de tu padre preparado al máximo pero sin tuning.

Los Grupo A del mundial eran coches con motores turbo de 2.0 litros, cuatro cilindros, y tracción a la cuatro ruedas, cuya potencia rondaba entre 270 y 300 cv.

En el Rally de Montecarlo de 1993, se estrenaban en competición el Ford Escort RS Cosworth, y el Mitsubishi Lacer EVO, y lucharían por las estrechas carreteras del Principado contra el Lancia Delta Integrale, y el Toyota Celica GT-Four.

En aquella época Carlos Sainz tenía 31 años. Después de ganar dos mundiales con Toyota, corría por primera vez, en el Rally de Montecarlo de 1993, como piloto de Lancia, con el Delta Integrale de la Jolly Club. El piloto español tuvo que abandonar el coche que le hizo bicampeón del mundo por incompatibilidades de su máximo patrocinador, Repsol. Y se montó en el coche más bonito del mundial pero con mil dudas. Alguna de ellas acertada, ya que el vehículo no se evolucionó en todo el año, y el Matador cosechó uno de sus peores resultados en el mundial, octavo. Nunca debió irse de Toyota, pero Castrol pesaba mucho en la marca japonesa. No volvió a ganar un campeonato del mundo, pero no porque no lo intentara a muerte.

Juha Kankkunen, con 34 años, se montaba en el coche con el que Carlos Sainz le derrotó el año anterior, el Toyota Celica GT-Four. El piloto finlandés ya había ganado el título en 1986, 1987, y 1991. Con el Toyota se alzaría campeón del mundo ese mismo año.

El siguiente en liza era Francois Delecour, un piloto de mucho carácter, temperamental, con mala leche, y rapidísimo. Tenía 31 años, y conducía para Ford el Escort RS Cosworth. Ese año terminó subcampeón del mundo. Nunca ganó un mundial pero dio espectáculo hasta aburrir.

Didier Auriol, otro de los grandes. Al igual que Kankkunen, la temporada anterior se había sentado en el baquet del Lancia Delta Integrale, y en 1993, iba a conducir uno de los mejores coches del mundial el Toyota Celica GT-Four. Ese año quedaría tercero en el campeonato. Auriol se llevaría un mundial en 1994, con 36 años. Lo merecía.

Massimo Biasion también estaba por allí, con 35 años, y habiendo siendo bicampeón del mundo en 1988, y 1989, estaba siendo eclipsado por Francois Delecour, que pilotaba el mismo coche que el italiano, el Ford Escort RS Cosworth.

Como una imagen vale más que mil palabras, os dejo un vídeo que hablará mucho mejor que yo de lo que fue aquella prueba. Una época brillante, con coches todavía espectaculares, con un público, del que ya no queda, abarrotando las cunetas, y con los mejores pilotos del mundo. Para ver en HD.

Los únicos grandes que no estaban allí fueron Tommi Mäkinen, y Colin McRae, a estos dos tortugas les quedaba muy poco para estar entre los grandes.

El ganador del Rally de Montecarlo de 1993 fue Didier Auriol, a quince segundos Francois Delecour, y a tres minutos Miki Biassion. Pero que más quien se subió al pódium, todos eran ganadores.

Todavía eran buenos años para los rallyes.

Rally de Montecarlo de 1993