Este fin de semana el Gran Circo llega al Circuito de Suzuka, una de esas pistas míticas del mundial que están llenas de historia. Una de esas historias la protagonizaron hace ya bastantes años Ayrton Senna y Alain Prost en el Gran Premio de Japón de 1989.

De Ayrton Senna hemos hablado muchas veces en curvasenlazadas. Siempre he tenido devoción por este piloto que nos dejó con mucha vida por delante, y con mucho que dar al deporte que le paró en seco después de ganar tres mundiales. Un brasileño lleno de pasión, con mucho carácter, y que enamoró a un país que tenía mucha falta de enamorarse de alguien, y al mundo.

Sobre el “profesor” no he hablado tanto, esto es un portal de pasión, y bien es cierto que Alain Prost nunca me la ha despertado. Ha sido cuatro veces campeón del mundo de Fórmula Uno, y un maestro del volante, eso no se puede negar porque ganar un mundial no es ninguna broma, y cuatro mucho menos. Pero también ha sido uno de los políticos que mejor conducen del mundo. Era un zorro que se entendió tan bien con Jean-Marie Balestre, presidente de la FIA, que solo le faltó casarse con él. Uno de esos fantásticos entendimientos quedó marcado para la eternidad en el Gran Premio de Japón de 1989.

En 1989 Alain Prost llevaba en McLaren seis temporadas, había ganado dos mundiales con la escudería de Wooking, 1985 y 1986, y le llevaba desde 1988 compartiendo equipo con un brasileño que le estaba poniendo las cosas muy difíciles en la pista y fuera de ella. Ayrton Senna había ganado el mundial en su primer año en McLaren, con el mismo coche que Prost, y en una temporada dura, donde en cada carrera los dos compañeros de equipo se daban de lo lindo.

El año que Senna fue campeón del mundo con McLaren, 1988, no fue una balsa de aceite en cuanto a las relaciones con Prost, sobre todos después del Gran Premio de Portugal de ese mismo año. En cada carrera luchaban a muerte, y en el Circuito de Estoril cuando en la recta de meta Prost se puso a adelantar a Senna, este le fue cerrando hacia el muro, el francés no levanto el pie del acelerador y le pasó. Allí comenzó a deteriorarse del todo la relación.

El Gran Premio de Japón de 1989 era la penúltima prueba del mundial de Fórmula Uno, y los dos pilotos de McLaren llegaron calentitos por lo mal que se caían y porque se jugaban un campeonato. Ayrton Senna estaba a doce puntos de Alain Prost, muy cerca después de haberle arañado seis puntos en la cita anterior, el Gran Premio de España, donde el brasileño ganó y el francés quedó tercero. Si Senna quería el mundial tenía que obligatoriamente ganar en Japón.

En la clasificación los McLaren fueron los coches más rápidos. Ayrton fue el piloto que logró la pole con un tiempo de 1:38.041, Prost tuvo que partir del segundo lugar de la parrilla con un tiempo de 1:39.771. Como curiosidad, detrás de los dos angelitos de Ron Dennis se colocó Bernd Schneider, el hombre que más tarde ganaría seis campeonatos del DTM, todo un record.

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Y llegó la carrera del Gran Premio de Japón de 1989. Cuando el semáforo se puso en verde Ayrton Senna salió mal y Alain Prost le adelantó. Durante buena parte de la carrera fue metiéndole tiempo, llegando a tener ocho segundos de ventaja sobre el brasileño que además perdió dos por una mala parada en boxes. Pero el segundo juego de neumáticos le dio a Senna la capacidad para ir recortando segundos a Prost.

Senna alcanzó a Prost en la vuelta cuarenta, y se pasó unos cuantos giros pegado a su alerón trasero, a menos de un segundo. La configuración del coche del francés le hacía ser muy rápido en las rectas, sin embargo el brasileño había reglado su monoplaza para tener mayor velocidad en las curvas.

En la vuelta 46, y en la famosa curva 130R, donde Fernando Alonso con su Renault azul le hizo el adelantamiento del siglo al Ferrari de Michael Schumacher años más tarde, Ayrton se pegó a Prost preparándose para meterle el hachazo en la segunda curva más lenta del Circuito de Suzuka, la chicane antes de la línea de meta. En la frenada Senna se metió por la izquierda y Alain que era un sabio del trapicheo, y sabia que si se tocaba con su compañero de equipo sería campeón del mundo, le cerró. Los dos chocaron, y se salieron de frente en la chicane quedando parados y enganchados en la parte más exterior de la curva. Prost se desbrochó el cinturón sabedor de que había ganado el mundial, y Senna pidió a los comisarios que le empujaran. El coche arrancó con ayuda, y el brasileño cruzó la chicane esquivando los neumáticos.

Prost se había retirado de la carrera, y viendo que su rival seguía empezó a poner a funcionar su maquinaría política. Senna continuaba en pista pero tuvo que entrar en boxes a reparar los daños, y cuando salió estaba a cinco segundos del líder de la carrera; Alessandro Nannini. El de McLaren puso su talento al máximo nivel, y se fue acercando a cabeza de carrera hasta que pasó al Benetton de Nannini en el mismo punto que se tocó con Prost.

Ayrton ganó la carrera luchando contra las argucias de su compañero, y poniendo lo mejor de sí en pista, pero le quedaba lo peor, luchar y perder contra la política.

Ahí fue cuando Jean-Marie Balestre, que era francés igual que Prost, se sacó de la manga, de sus prepotencia, de su poder, y de sus pelotas, seguro que después de tener una charlita con su paisano, que Ayrton se había saltado la chicane, había recibido ayuda externa, y había pisado la línea del pitlane. Al brasileño fue descalificado, le cayó una buena multa, y fue suspendido de su superlicencia de F1 durante todo el invierno. Y sobre todo comenzó una terrible lucha dialéctica llena de odio, y no me extraña, entre Ayrton Senna y Jean-Marie Balestre.

Ron Dennis, el jefazo supremo de McLaren, apoyó al brasileño en todo momento,cosa que hizo que Prost se fuera a Ferrari, y dijo en aquellos tiempos que “la sanción es completamente injusta y tendrá graves consecuencias en todos los equipos, Senna había sido víctima de la Federación Internacional de Automovilismo cuyo presidente, Jean Marie Balestre, es francés, al igual que Alain Prost”. El mismo Ron Dennis presentó un vídeo durante la conferencia de prensa del último gran premio del año, el de Australia. Una grabación hecha en 1981 donde se podía ver a varios pilotos saltándose la chicane de Japón. Ninguno de ellos fue descalificado.

Ayrton Senna no olvidó nunca la que Alain Prost le armó, y él se la armó al francés cada vez que pudo. Y fijaté tú que curioso el destino, que al año siguiente, en el Gran Premio de Japón de 1990, Prost y Senna se volvieron a encontrar, el francés con Ferrari, y el brasileño con McLaren. La situación era igual que el año anterior pero al revés, Prost tenía que ganar la carrera para poder luchar por el mundial. Senna le devolvió la jugada en la primera curva del Gran Premio y ganó un campeonato que le habían quitado el año pasado.

Prost decía que «la diferencia entre Ayrton y yo es que yo creo en Dios, y él se cree Dios”.

Ayrton no era Dios, pero cuando corría estaba muy cerca del cielo.

Gran Premio de Japón de 1989 Senna y Prost