En 1912 sesenta y siete almas con ganas de aventura se apuntaron a un rally que iría cogiendo fama con el paso del tiempo. En esta segunda edición del Rally de Montecarlo participó un ruso llamado Andrei Nagel. Un inconsciente que salió de San Petesburgo en busca del paraíso de la costa azul en un coche sin parabrisas

Andrei Nagel nació en San Petesburgo el 2 de marzo de 1877. La segunda ciudad más importante de Rusia, y la más bonita por su patrimonio artístico, era el lugar donde vivía Andrei Aleksandrovich Kraevskiy, el abuelo de Nagel. Este señor era una de las personas más influyentes de la ciudad, era editor, periodista y profesor, así que hizo que su nieto se formara en una de las mejores escuelas de San Petesburgo.

Nagel era un buenísimo deportista, como mucha gente en aquellos años se había enamorado de un invento con cadena que vio la luz en 1885, la bicicleta. Participaba en carreras dando pedales, y era un amante del ciclo-ball (futbol encima de la bici) además de un excelente jugador de ajedrez.

El 11 de Septiembre de 1898, Andrei Nagel vio su primera carrera de coches, y siendo como era un amante de la velocidad, quedó impresionado de la competición. En 1902, y después de escribir artículos del motorsport para otros fundó su propia revista, Automobile. De paso tuvo tiempo para crear el Club del Automóvil de San Petesburgo. Y a partir de ahí su enfermedad por los coches se disparó.

Se compró un Balt 24/30 de 1909, la primera marca de automóviles rusos. Este coche era un biplaza deportivo que daba como máximo de 30 cv. Tenía un motor de cuatro cilindros con encendido Bosch, y su caja de cambios era de cuatro velocidades con la marcha atrás incluida.

Andrei Nagel, el 16 de junio de 1910, se apuntó con su nuevo vehículo en una carrera de 3.200 km, la San Petesburgo-Kiev-Moscú-San Petesburgo. Acabó sin ninguna penalización y se le dio un premio especial por su esfuerzo. En el mismo año se lanzó a otra aventura. Cogió su coche desde su ciudad natal y se fue hasta Nápoles, Italia, para subir hasta la cima del Monte Vesubio. La hazaña fue recogida por un periódico alemán llamado Dresdner Anzeiger, en un artículo del 7 de septiembre de 1910 que decía:

Un automóvil ruso Balt propulsado por un motor de 24 cv ha rodado a través de nuestra ciudad en su camino desde San Petersburgo a Roma después de haber cubierto la de San Petersburgo – Dresde. El conductor, el señor Nagel, merece especial mención por ser de los mejores conductores de Rusia”.

Andrei Nagel fue cogiendo experiencia en el mundo de los rallyes, y en aquellos años la experiencia debía ser espectacular porque el piloto se lo comía y se lo guisaba en carreteras infernales y con vehículos que debían dar mil problemas. Así que este ruso valiente se apuntó a participar en una verdadera aventura; la segunda edición del Rally de Montecarlo, en 1912. Que por cierto se celebró en enero y ese es un mes infernal para llegar desde San Petesburgo a Mónaco.

Para la hazaña utilizó un Balt más potente de dos plazas, que alargó su chasis para meter más combustible en su parte trasera. El coche, un S24/50 de carreras, tenía un motor de cuatro cilindros y 4,9 litros de cilindrada, rendía 55 cv a 1.800 rpm, y alcanzaba 110 km/h. Lo alucinante de la aventura de Nagel es que realizó su viaje con un coche sin parabrisas, ya que tenían miedo a que este se congelara porque no existía el limpiaparabrisas, y solo con una lona de techo. Andrei tuvo que conducir con gafas de aviador y con mucha ropa de abrigo en una época en que las prendas técnicas no existían. Para morirse vamos.

Los de Balt, junto con las ideas de Andrei Nagel, tuvieron que modificar el coche para que llegara a su destino. Entre otras cosas utilizaron como líquido refrigerante alcohol en vez de agua, para evitar la congelación, se pusieron neumáticos de nieve, y en las ruedas traseras llevaban cadenas, y unos esquís que se podían colocar para evitar que el coche se hundiera en los lugares con más nieve.

El día anterior a la salida del rally, arrancando el coche con la manivela típica de aquellos años, el copiloto de Nagel, Vadim Mikhailov Alexandrovic, se rompió el brazo, un accidente muy habitual antes de que el arranque eléctrico llegara a los vehículos. Aún con su hueso roto Vadim quiso acompañar a Nagel en la aventura, pero este tendría que conducir todo el camino.

El 13 de enero de 1912, a veinte grados bajo cero y con su placa de matrícula delantera de Rally de Mónaco, Andrei Nagel y su copiloto herido salieron de San Petesburgo con rumbo a la costa azul. Debido a las infernales condiciones el Balt de Nagel no podía pasar de 90 km/h y de segunda velocidad.

El piloto apuntó en su diario:

El tiempo era de congelación, el termómetro marcaba 17 grados bajo cero. Antes de Luga (población cercana al punto de partida) nos pilló una ventisca. El coche se quedó atascado en la nieve. Los esquís no ayudaban y el coche con ellos se convirtió en incontrolable. Con botas y abrigos de piel de oveja nos pasamos cuatro horas hasta desatascarlo. Pasamos la noche en Pskov”.

Al día siguiente tomaron carretera a Riga. Llegaron a las ocho de la noche, y tuvieron suerte de que, a bastante distancia de la población, se colocaron detrás de un camión que les abrió paso.

Durante esos días el tiempo era terrible, con temperaturas extremas, Andrei Nagel se llevaba la dinamo a la cama para evitar que se congelara, se levantaba por la noche cada dos horas para arrancar el vehículo porque sino el aceite se solidificaba por el frio y si eso pasaba era imposible darle a la manivela para arrancar su Balt.

El 15 de enero Andrei Nagel mandó un mensaje:

Tenemos que llegar durante el viaje podemos morir de frio y ser comidos por los lobos

Todo el viaje fue un autentico calvario, tormentas de nieve nocturnas en las que la velocidad del coche era de 15 km/h, carreteras enterradas por la un manto blanco, capas de hielo cubriendo las subidas y bajadas, niebla densa, y encima la rotura de las cadenas, que tuvieron que sustituir por las cadenas que apretaban los barriles, y que compraron a un enologo francés a un precio desorbitado.

Cerca de su destino, y pensando en ganar a sus rivales Andrei Nagel y su copiloto decidieron dormir solo cuatro horas, y hacer la última etapa pasando por Cannes y Niza a toda pastilla. El 21 de Enero de 1912 Andrei Nagel y Vadim Mikhailov Alexandrovic cruzaron los primeros la línea de meta, después de haber llevado su coche a través de de una peligrosa aventura de 3.257 km.

En el Rallye de Mónaco de aquellos años se valoraban muchas cosas antes de dar el primer premio, un jurado puntuaba el coche, su estado, su confort, la distancia recorrida ..etc. En el Palacio de Mónaco, Nagel y Mikhailov se llevaron el premio a la ruta más larga, a la resistencia, y 600 francos por la novena posición.

No hemos podido conseguir imágenes de la hazaña por mucho que le hemos insistido al gobierno ruso. Pero os dejamos un vídeo donde se ven las zonas por donde pasó Nagel con su coche de comienzos de 1900.

Andrei Nagel firmó su diario con este pequeño párrafo:

«Llegué a las once y media. El motor funciona tan bien como lo hizo a la salida. Los neumáticos todavía tienen aire en el interior. Gran éxito. El automóvil se ha colocado en un pabellón especial adornado con banderas”.

Andrei Nagel