Hubo un gran coche que tuvo el honor de estrenarse en una carrera con un gran piloto. En 1954, en el Gran Premio de Argentina, Juan Manuel Fangio se puso a los mandos del Maseratti 250F. Y lo hizo solo para ganar bajo una cortina de agua.

La historia de Meseratti ya os la hemos contado, ellos crearon verdaderas joyas del automovilismo, y dejaron en distintas manos una marca que se mantiene con el tiempo. Pero hubo una piedra preciosa en particular que tuvo el honor de ser conducida por uno de los más grandes, un valiente talentoso con acento seductor llamado Juan Manuel Fangio. Ese coche fue el Maseratti 250F.

Juan Manuel Fangio nació en el 24 de Junio de 1911 en Balcarce, al suroeste de la provincia de Buenos Aires. Quien podía saber que aquel niño de inmigrantes italianos, que empezó a trabajar a los nueve años en una herrería mientras estudiaba, iba a llegar a ser cinco veces campeón del mundo de una competición que, en aquellos años, era solo para auténticos valientes y magos del volante.

Este chico, que más tarde sería una estrella del automovilismo, empezó a trabajar como ayudante de mecánico a la edad de 13 años, y entre los 15 y los 17 era el encargado de llevar los coches a sus clientes. Conducía aquellos vehículos, que no eran de él, por caminos sin asfaltar, llenos de polvo y de barro. Fangio decía; “para conducir a toda velocidad en el barro, hay que sentir las ruedas en las vértebras”.

Juan Manuel Fangio comenzó a correr por Argentina en 1929, pero no fue hasta 1954 cuando se puso a los mandos de un coche de carreras maravilloso, el Maserati 250F. Pero hasta entonces fue labrándose una historia pilotando por su país. Tan grande era su talento, que los propios habitantes de Balcarce colaboraron para comprarle un Chevrolet de seis cilindros para competir. Aquel gesto de sus vecinos Fangio no lo olvidó jamás.

Este hombre de 1,70 y 74 kg, entrenado en el boxeo y el rugby comenzó a participar en Turismos de Carreras en 1938, y al año siguiente ya fue campeón argentino. Desde ese momento ya se olía que iba a ser muy grande.

Fangio llegó a Europa con 37 años, y se llevó su primer mundial de Fórmula Uno en 1951, cuando ya había cumplido 40 años. Stirling Moss, otro de los grandes, dice de él; “Juan Manuel Fangio era un ejemplo en los pits de sencillez y modestia, este hombre de espaldas anchas, estaba curtido de competir en carreras por carreteras, y caminos rurales. Tenía el cabello ralo, y unos ojos de azul grisáceo de mirada penetrante. Trataba a todo el mundo con calidez y naturalidad, lo mismo a los mecánicos que a la realeza, Fangio decía que había que ser amigo de los mecánicos, porque son los que acompañaban a uno en la carrera y los que hacen que el auto sea lo que es.”

En aquellos tiempos los pilotos eran tipos extravagantes, que les gustaba cultivar su imagen de machos. Fangio pasaba absolutamente desapercibido fuera de las pistas, rara vez bebía, y se acostaba temprano. El hablaba de su vida como piloto diciendo; “Uno debe tomar las carreras con pasión, hay que amarlas como el pintor ama su arte, y poner en ellas todo el empeño que exigen”.

El año en que Fangio llegó a nuestro continente fue en 1949, después del enorme parón que supuso la Segunda Guerra Mundial. En Europa no paraba de llamar la atención por su talento, su resistencia física, y su forma de entender la velocidad y escaparse del peligro.

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En 1950 durante el Gran Premio de Mónaco, un terrible accidente en una curva ciega hizo que nueve coches quedaran atravesados en medio de la pista. Juan Manuel Fangio llegaba a toda velocidad y se iba a comer, como tantos otros, los coches que se encontraban accidentados. Pero notó algo raro en la gente de las gradas, y se dio cuenta de que el público no le miraba. Se le encendió la alarma de peligro, y frenó a escasos metros del desastre. Tenía un talento natural para librarse del peligro, una habilidad que además le hacía ser rápido, y cometer pocos errores.

Antes del llegar a sentarse en el Maseratti 250F en 1954, Juan Manuel Fangio sufrió un terrible accidente que le obligó a pasar tres meses inmovilizado, esto fue en Junio de 1952. El motivo fue un agotador viaje desde Irlanda a Monza. Después del Gran Premio de Irlanda del Norte, los pilotos se trasladaban a Italia a competir en el templo de la velocidad. A Fangio se le había prometido un avión privado, pero esa promesa no se cumplió, y tuvo que coger un vuelo regular a Londres, y desde allí volar a Paris. Al llegar a la capital de Francia un amigo lo llevó en coche a Lyon, y en esa ciudad le prestaron un automóvil con el que recorrería 480 km atravesando los Alpes. El argentino llegó media hora antes de la carrera. En la segunda vuelta y en la curva Lesmo, Fangio se salió y despertó en el hospital con varias vertebras cervicales rotas. Se prometió no volver a conducir cansado.

Recuperado de su accidente, en 1953, ganó en Vue des Alpes, en Merano, en Monza, y en México. Y en 1954, con el equipo Maserati, llegó el Gran Premio de la Republica Argentina, con el coche que le daría la victoria al Maestro, el Maserati 250F.

Maserati no podían tirar las campanas al vuelo, económicamente hablando, en aquel año, pero Giulio Alfieri fue capaz de desarrollar un motor de seis cilindros en línea, con una cilindrada de 2.493 cm3, este propulsor rendía 275 cv a 8.000 rpm que hacía que alcanzara una velocidad máxima de 300 km/h. El corazón del Maserati 250F estaba refrigerado por agua, con bomba centrífuga y radiador. Llevaba tres carburadores Weber, dos bujías y dos válvulas por cilindro. Su caja de cambios tenía cuatro velocidades (más adelante sería de cinco), y se accionaba gracias a un embrague multidisco.

El Maserati 250F fue un automóvil de carreras completamente innovador. El chasis, obra de Valerio Colotti, estaba formado una estructura tubular que la componían multitud de tubos de pequeño diámetro. Tenía una rigidez enorme para poder asimilar la potencia de los nuevos motores sin compresor. Las suspensiones también fueron obra de Colotti. El Maserati 250F montaba en su eje delantero unos brazos triangulares paralelos con resorte helicoidal, y amortiguadores hidráulicos. En su eje trasero, la suspensión era independiente, con dos amortiguadores hidráulicos por cada lado. Montaba freno de tambor de doble bomba y doble circuito tanto delante como detrás, y diferencial autoblocante.

El Maserati 250F media 4050 mm de largo, y 1470 de ancho, con una altura desde el suelo de 106 mm. La distancia entre ejes era 2280 mm.

El increíble vehículo de competición, desarrollado por la empresa que controlaba Omer Orsi, hizo su aparición en el Autódromo de Modena, conducido por su piloto de pruebas Guerino Bertocchi. Las primeras unidades se vendieron a pilotos privados, uno de ellos fue Stirling Moss.

Y llegó el Gran Premio de Argentina de 1954. Juan Manuel Fangio era piloto de la marca del tridente, y para competir en su tierra natal se llevaron al nuevo Maserati 250F.

La clasificación fue un preludio de lo que sería la carrera. Farina, y Froilán González rodaron en el mismo segundo, los dos con Ferrari, y Juan Manuel Fangio con 1:45.610 se quedó detrás de ellos a menos de un segundo de los hombres del Cavallino Rampante. El coche de Fangio estaba prácticamente en periodo de pruebas, y con menor potencia que la de sus rivales italianos se la jugó para conseguir el tiempo. El Maserati 250F estrenaba un moderno sistema, el puente trasero de Dion, una de las mejores soluciones para la arquitectura trasera de un automóvil.

El Gran Premio de Argentina de 1954 comenzó en seco, y el Maserati 250F de Fangio no podía competir con la apabullante potencia de los Ferrari. El argentino sufría para mantenerse cerca de Farina y Froilán, pero llegó la lluvia y las cosas se complicaron. Cambios de neumáticos, y el trompo de uno de sus rivales hizo que Fangio se colocara en primer lugar en la vuelta 39, con los Ferrari apretando al máximo para darle caza.

Y llegó el momento más importante de la carrera, cuando Juan Manuel Fangio entró a boxes para cambiar sus neumáticos, y la careta de celuloide para las condiciones de lluvia. En ese instante Froilán se colocó primero pero debido a una serie de trompos sucesivos, fue relegado por Farina, con Fangio a unos cuantos segundos. Desde ese momento comenzó una remontada épica a pocas vueltas del final.

En la revista argentina “El Gráfico” en su número 1798 se podía leer esto en su crónica; “es que Juan Manuel Fangio corre, si que corre. Parece que no lloviera para él, o parece que lloviera menos“.

Juan Manuel Fangio fue recortando tiempo bajo una lluvia torrencial, y el público que se encontraba en el Autódromo se quedaba alucinado mirando como su piloto hacia estremecer a sus conciudadanos.

Fangio ganó la carrera del Gran Premio de Argentina de 1954, con su Maserati 250F, pero dejó tal espina clavada en la escuadra de Farina y Froilán que el equipo Ferrari presentó una reclamación, exigiendo la descalificación del piloto del tridente. Se alegaba que Juan Manuel Fangio, durante el cambio de neumáticos y de la careta de celuloide, había recibido más ayuda que la estipulada por la Federación. La protesta nunca prosperó y Fangio se convirtió en un héroe.

El Gráfico finalizó su crónica de la carrera de esta forma, recordando como Fangio iba recortando tiempo a sus rivales:

El reloj se ha quedado dando vueltas con sus agujas locas. Que haga lo que quiera. Si quiere pararse, que se detenga también. Ya hemos asistido a una batalla que será inolvidable, que la hemos de recordar mientras vivamos. Ahora mismo, al revivirla escribiendo, mirando los apuntes nerviosos que hemos trazado, nos erizamos. Y hasta no creemos o nos cuesta aceptar lo visto y sentido. Llevamos muchos años de andar por los circuitos y rutas, hemos vivido muchos momentos intensos, hondos, de todo tipo, pero este ….. no hemos de comparar. Revivámoslo.”

Juan Manuel Fangio y el Maserati 250F