En 1959 cuando British Motor Company empezó a fabricar un vehículo diseñado por Alec Issigonis poco podían imaginar sus creadores que después de una exitosa vida comercial, el grupo BMW lo convertiría en el 2001 de nuevo en un icono de nuestro tiempo.

Ahora después de nueve años de comercialización desde su reestreno podemos escoger entre un utilitario de calidad que puede ser descapotable, un familiar con 3 puertas y maletero, el Clubman, y un minisuv, el Countryman.

Para nosotros sin duda alguna la versión mas atractiva de todos es el Mini John Cooper Works, a priori un coche pequeño y ligero con un motor turbo de 211 CV que nos hace pensar que nos vamos a divertir conduciéndolo, y para ello escogemos uno de los mas los parajes mas bonitos de Asturias, Cangas del Narcea. Una pequeña población rodeada de tramos de rallies y donde se ubica la sede del equipo Regueiro Sport y su largo y divertido circuito de karts, que han tenido la amabilidad de poner a nuestra disposición para la prueba Mini John Cooper Works.

Estéticamente el coche es precioso, ancho, corto musculoso, con un escape doble y grueso en el centro de la trasera que hace pensar en sonidos broncos y petardeos, neumáticos anchos y llantas BBS de diseño muy deportivo.

Por dentro lo primero que observamos es que hay demasiado botones y colocados en lugares poco intuitivos, unos asientos deportivos muy bonitos pero que a la vista no parece recojan excesivamente y unas plazas traseras y maletero de “urgencia” pero suficientes, porque el que lo compra sabe lo que hay.

Lo que mas nos apetecía era arrancarlo y dirigirnos a nuestro destino. El Mini durante los Km de autopista nos pareció relativamente confortable, tiene una suspensión dura pero que no castiga en exceso, unos neumáticos de perfil bajo y anchos que trasmiten perfectamente los cambio de asfalto con una sacudida de la dirección y un leve desplazamiento lateral si nos pilla con el volante un poco girado.

El Mini John Cooper Works suena muy bien, ese sonido se trasmite gratamente al habitáculo, y corre muchísimo¡¡. Las velocidades ilegales se alcanzan muy rápido el cuenta kilómetros central no es de muy fácil lectura, casi te tienes que guiar por la velocidad con la que pasan las cosas.

Llegando a uno de nuestros tramos favoritos pulsamos el botón sport y quitamos el control de tracción, las condiciones no son excesivamente buenas, el asfalto esta húmedo y bastante sucio pero aún así vamos al lío.

Entre curvas cerradas y humedas de carreteras de montaña, llenas de hojas nos damos cuenta que la versión mas potente del Mini, se comporta con la deportividad que esperábamos, aunque a veces y bajo estas circunstancias le cuesta digerir la potencia en velocidades cortas.

El Mini John Cooper Works monta un control dinámico de tracción que BMW denomina DTC (bloqueo electrónico del diferencial), con el, se quiere simular el trabajo que realiza un autoblocante mecánico pero que en este caso funciona frenando la rueda que patina al acelerar acercando las pastillas de freno al disco de dicha rueda.

Como se traduce esto en la práctica? en las condiciones en las que nos encontrábamos de lluvia y humedad y siempre que el motor se mantuviera entre 4000 y 6000 rpm, que es donde verdaderamente empuja, el Mini desliza en cada una de las curvas. En las rápidas hasta de 4 velocidad, se produce un pequeño deslizamiento que rápidamente desaparece y que para nada es desagradable, y en las de 1 o 2 velocidad esto se acompaña con una pérdida de tracción más evidente.

En el circuito con el asfalto seco coches es un autentico juguete, divertido, rápido en los cambios de dirección, y con unas aceleraciones fulgurantes.

Tiene unos frenos potentes, un motor turbo que empuja sin descanso si manejas con velocidad el cambio, la dirección es rápida pero para mi gusto llega la información demasiado filtrada, consume poco para su potencia, y tiene unos acabados a la altura de BMW, excepto los asientos que no recogen demasiado a pesar de ser deportivos … pero son tan bonitos.

En definitiva el John Cooper Works nos pareció un coche precioso que corre mucho, muy divertido, que permite disfrutar deportivamente con unos consumos muy razonables, y con multitud de personalizaciones.

Todo esto junto a un potente motor turbo, al que le vendría bien un autoblocante de verdad.

Prueba Mini John Cooper Works