Hay un lugar en China por donde posiblemente Marco Polo pasó en alguno de sus viajes. Un lugar que fue un refugio ante la invasión de los mongoles, en donde los portugueses comerciaron, y los holandeses quisieron conquistar. Un lugar en donde ahora existe quizás la pista más peligrosa del mundo, el Circuito de Macao.

Si Marco Polo hubiera viajado desde Venecia a China para comerciar con especias en 1967, el año en el que se celebró la primera carrera en el Circuito de Macao, no hubiera vuelto a Italia más que para comprar un casco de correr OMP. Aunque no sé si al comerciante veneciano le gustaban los coches de carreras.

El Circuito de Macao es una pista que recorre la ciudad con el mismo nombre. La primera vez que se celebró una carrera fue en 1954, y se trataba de encontrar un tesoro por sus calles. Pasado un tiempo se dio forma a la idea de hacer de ese recorrido un circuito para celebrar competiciones locales amateur. Y así continuó hasta 1966, cuando los pilotos profesionales comenzaron a correr en él.

Fue en ese año cuando Mauro Bianchi, piloto francés tricampeón del mundo en la categoría GT y que tiene un nieto que es piloto de la academia Ferrari llamado Jules, participó en el Gran Premio corriendo con un coche de Renault Sport, y de la mano de la marca francesa que quería promocionar su imagen en Hong Kong. Ese fue el primer paso hacia lo que es ahora el Gran Premio de Macao.

Desde ese año ha ido aumentando su reputación como circuito desafío, pero fue en 1983 cuando se intentó traer al Circuito de Macao la Fórmula 2. Debido a la cantidad de modificaciones que se tenían que hacer en la pista para seguridad de los monoplazas, incluyendo la tala de árboles para buscar espacio al asfalto, los organizadores decidieron que solo los Fórmula 3 corrieran en Macao.

La Fórmula 3 en aquellos estaba llena de jóvenes talentos que le dieron una gran reputación al Circuito de Macao. Uno de ellos fue Ayrton Senna, que con 23 años triunfó en el primer Gran Premio de Macao. Allí el avispado Frank Williams le puso el ojo encima y no se lo quitó hasta que lo sentó en su coche, y que duro el destino, fue el monoplaza en el que se mató en 1994.

En 1990 otra carrera en el Circuito de Macao hizo que su fama y reputación fuera en aumento.

En noviembre de aquel año dos de los grandes, Michael Schumacher con 21 años y Mika Hakkinen con 22 años, se encontraron en las calles de Macao. En la última vuelta del Gran Premio el alemán iba primero, y el finlandés segundo, apretándole las tuercas al káiser. En la recta principal del Circuito de Macao, Michael Schumacher freno repentinamente cuando Mika Hakkinen estaba a punto de adelantarle. Hakkinen se estrelló al golpear el monoplaza del kaiser, que había bajado su velocidad de golpe, y Schumacher, que después de la carrera alegó que había realizado una prueba de frenada, salió de rositas solamente con alerón dañado. El siete veces campeón del mundo, lleva armándolas parda desde que era un chaval, y será uno de los mejores del mundo pero nunca me ha parecido trigo limpio. Eso si, huevos los que quieras.

Desde que la F3 llegó al Circuito de Macao muchos de sus ganadores se han convertido en pilotos de F1. Entre ellos Coulthard, Sato, y el hermanísimo Ralf Schumacher. Por cierto este fin de semana pasado, antes de que Yvan Muller se coronara campeón del mundo del WTCC 2011, un español, Dani Juncadella, ganó por primera vez el Gran Premio de Macao. Hay que vigilar a este chaval por si las moscas.

Desde el 2005 el Circuito de Macao acoge, como competición estrella del fin de semana, el FIA World Touring Car Championship. Los GT3 y la F3 son los teloneros de este espectacular campeonato. Este sábado y domingo pasado me lo pasé viendo las carreras, y no sabría deciros cual de las tres competiciones da más espectáculo. Pero tortas ha habido a dolor porque la pista estaba terrible.

Durante el fin de semana de Gran Premio también corren los Fórmula BMW Pacífico, y campeonatos regionales.

El Circuito de Macao tiene, a día de hoy, 6.2 kilómetros que se retuercen entre las calles de la ciudad, y donde los edificios casi rozan los guarda raíles en muchos puntos. La pista consta de una zona muy rápida, donde la curva Hotel Mandarín Oriental es la que se pasa a más velocidad. Y poco a poco se va retorciendo desde Maternity hasta Melco, la esquina más lenta de la pista, donde los coches y monoplazas tienen que hilar fino y apuntar su morro como si fueran a estrellarse contra el guarda raíl y girar casi cuando se golpean con él, porque de no ser así no podrían tomar la curva.

Los accidentes en este circuito suelen ser muy duros para los pilotos porque no tienen espacio para desacelerar, y los errores se pagan muy caros. El acero frena en seco a los vehículos, y eso duele. Además quedarse atravesado en una pista de alta velocidad y con poca visibilidad da mucho miedo.

Ahora solo nos queda esperar al tercer fin de semana de noviembre del año que viene para disfrutar de nuevo, en mi humilde opinión, de la pista más espectacular del mundo, Circuito de Macao.

Circuito de Macao