Dieciseisava y última cita del mundial de 1994, Circuito de Adelaida, se celebra el Gran Premio de Australia. Después de un año terrible en la historia de la F1, Michael Schumacher, y Damon Hill, se juegan uno de los campeonatos más trágicos de la F1. Esta fue la carrera que nos descubrió la verdadera cara del Káiser.

El Gran Premio de Australia de 1994 fue el final de un año de F1 donde hubo de todo menos alegría. La muerte de Ayrton Senna y de Roland Ratzenberger marcaron para siempre un mundial que muchos recordaremos de por vida. Esas desgracias taparon involuntariamente una temporada de mentiras, de acusaciones por saltarse las reglas, y de maniobras de dudosa legalidad.

Como colofón final a ese triste mundial, los muros del Circuito Urbano de Adelaida, serían los que iban a dar o a quitar la victoria, y fueron los testigos inanimados de la forma de actuar del que sería, años después, el piloto de Fórmula Uno con más palmarés de la historia. Michael Schumacher, con 92 puntos y montado en un Benetton-Ford, luchaba por ganar con Damon Hill, al que le separaba solo un punto para alcanzar la gloria que tocó su padre en dos ocasiones, el gran Graham Hill.

Pero empecemos desde el principio.

1994 fue el año en el que la creciente y futurista tecnología en la F1 tocó techo temporalmente. Los altísimos costos, y las enormes críticas vertidas sobre unos coches que acabaron la temporada de 1993 quitando protagonismo a los pilotos, hicieron que la FIA cortara por lo sano. La suspensión activa, el antibloqueo de frenos, y el control de tracción que limitaba el deslizamiento de los monoplazas fueron suprimidos en 1994. En esa temporada los F1 iban a tener menos controles pero serían igual de veloces, o más.

El primero en darse cuenta de que la FIA no había pensado en la velocidad fue Ayrton Senna. El predigo una temporada con muchos accidentes. El piloto brasileño debía jugar con Dios a las carreras en su tiempo libre, y allí le soplaba el futuro, porque su sensibilidad sobre estas cosas del destino daba miedo. Senna tenía toda la razón, no se había tocado la aerodinámica y los coches eran como balas.

La Fórmula Uno sin tecnología del año 1994 comenzó con el Gran Premio de Brasil. Y, para muchos, finalizó en el Gran Premio de San Marino, en la tercera cita del mundial, cuando Rubens Barrichello volvió a nacer al estrellarse en Variante Baja del Autodromo Enzo e Dino Ferrari, fracturándose la nariz y el brazo, donde Roland Ratzenberger perdió la vida al romperse el alerón delantero de su Simtek-Ford, y el día en que Tamburello le quitó la vida al más grande piloto de la historia.

Después de la tragedia la siguiente carrera fue el Gran Premio de Mónaco de 1994. Ese fin de semana el piloto austriaco Karl Wendlinger sufrió otro brutal accidente en los entrenamientos libres. La chicane Nouvelle le frenó en seco. Un fuerte golpe, en el mismo sitio y casi idéntico al de Sergio Perez en el año 2011, le dejó en estado de coma durante tres semanas debido a las graves heridas que sufrió en la cabeza. Wendlinger se libró de la muerte gracias a la rápida acción de los comisarios, que hoy se caracterizan por los mejores del mundo.

Debido a los accidentes ocurridos durante el comienzo de la temporada de 1994, la Asociación de Pilotos de Grandes Premios, GPDA, pidió a la FIA un cambio en la reglamentación para mejorar la seguridad. La Federación Internacional reaccionó de inmediato, y tomó medidas para el Gran Premio de España de 1994. Las modificaciones a realizar en los monoplazas serían; reducción del tamaño de los difusores, el frontal más alto, y el alerón delantero más pequeño. Todo esto iba a reducir la carga aerodinámica en un 15%.

Los cambios no quedaron solo en eso, ya que para el Gran Premio de Canadá, el siguiente después del de nuestro país, la cabina de los F1 tenía que ser más alta y alargada para proteger las cabezas, el peso mínimo se incrementó 25 kilos, el trapecio delantero tenía que ser reforzado para evitar que una rueda se desprendiera y pegara en la cabeza del piloto, se obligó el uso de la bomba de combustible, y se eliminó el Airbox reduciendo el flujo del aire en los motores y por consiguiente bajando su potencia.

En ese comienzo de un año tumultuoso y difícil, Michael Schumacher ganó en las seis primeras citas del mundia, su coche era un misil, y él era puro espectáculo y telento. Pero desde la tercera carrera de la temporada, el Gran Premio de San Marino, Benetton- Ford, al igual que McLaren y Ferrari, fueron investigados porque la FIA tenía serias sospechas de que estaban utilizando las prohibidas ayudas electrónicas. La Federación Internacional pidió a los equipos su código fuente, y en principio Benetton y McLaren se negaron a entregarlo. Los dos equipos fueron multados con 100.000 dólares por negarse a satisfacer lo que la FIA les pedía. Una vez hecha la pertinente investigación, se llegó a la conclusión de que el programa de McLaren, que actuaba sobre la caja de cambios, era legal, sin embargo el de Benetton era un software para las salidas, que hacía que el coche de Michael Schumacher tuviera un perfecto arranque de carrera desde el comienzo de la misma. Pero no hubo manera de demostrar que estaba siendo utilizada en competición. Desde luego el coche de Michael Schumacher no era trigo limpio.

Para continuar con el monoplaza del alemán y con el particular carácter de su piloto, en el Gran Premio de Gran Bretaña de 1994, el Káiser adelantó en la vuelta de formación. Cuando se le comunicó, en base a su acción, que debía pasar por boxes ignoró la sanción. Debido a ello se le mostró la bandera negra, indicando que para él se había acabado la carrera, y también se lo pasó por el forro de sus protecciones ignífugas. Michael Schumacher fue descalificado en esa carrera, y fue suspendido más tarde por otras dos, Gran Premio de Italia y de Portugal.

En el Gran Premio de Bélgica de 1994, en el circuito que posee la mejor curva del mundial y la que inauguró nuestro portal, Eau Rouge, Michael Schumacher y su equipo también fueron pillados haciendo trampas. Una vez finalizada la carrera en el Circuito de Spa, y que fue ganada por el alemán, en la inspección de la FIA se detectó un desgaste ilegal en el Skid Block, la pieza de madera en los bajo del monoplaza que marca su distancia mínima al suelo y limita el paso por curvas de alta velocidad. Benetton alegó que el desgaste se debía a que Michael pasó por encima de un bordillo dañándola, pero la FIA no tragó. Por ello el alemán fue descalificado de la carrera.

Todos estos acontecimientos y la suspensión de dos carreras para Michael Schumacher hicieron que Damon Hill le pisara los talones al Kaiser, ya que ganó tanto en el Gran Premio de Italia como en el Portugal. Después llegó el Gran Premio de Europa de 1994, donde ganó Michael Schumacher y quedó segundo Damon Hill. En la siguiente, y penúltima cita del mundial, Japón, el resultado cambió, el británico de Williams cruzó la meta en primer lugar, y el alemán de Benetton se tuvo que conformar con un segundo puesto.

Y llegó el 13 de noviembre de 1994, con los dos rivales separados por un solo punto, y con la tensión que significa ganar por primera vez un mundial. Los dos pilotos en liza tenían casi a alcance de la mano conseguir el campeonato, e iban a ser los muros de Adelaida los que decidieran quien iba a escribir la historia de ese año en Fórmula Uno.

El resultado de la clasificación del día anterior colocaba a los posibles campeones del mundo por detrás de hombre de la pole, Nigel Mansell, con un tiempo de 1:16.179. Michael Schumacher había sido segundo parando el crono en 1:16.197, y Damon Hill tercero, que iba a tener que sufrir con su 1:16.830.

Cuando el semáforo se puso en verde Michael Schumacher tomó la delantera seguido de Damon Hill. Nigel Mansell, compañero de Damon desde la muerte de Senna, intentó tapar a Michael en la salida, y la jugada, a él y a Frank Williams, les salió rana.

Hill estuvo apretando toda la carrera al Káiser, era conocedor de lo que se jugaba y no iba a desperdiciar su oportunidad. Su temporada había sido terrible, ya que habia sido el compañero de Ayrton Senna y le había tocado lidiar con el coche con el que se mató el brasileño, cosa que no debía de ser nada fácil.

En la vuelta 36, en la curva con el nombre de Terraza del Este, y cuando Hill ya tenía a Schumacher en el punto de mira, Michael se salió y toco el muro del Circuito de Adelaida. El resto el digno de ver en el vídeo que os dejamos en la parte superior derecha.

El resultado fue que Michael Schumacher quedó fuera de carrera, y Damon Hill también. El alemán ganó su primer mundial, y hubo opiniones para todos los gustos. Murray Walker, el famoso comentarista de F1, amigo y admirador de Hill, comentó que el alemán no provocó el accidente intencionadamente. Patrick Head, ingeniero de Williams junto con Adrian Newey, y culpable del accidente de Ayrton Senna, acusó a Schumacher de juego sucio, y declaró en el 2006 que el equipo no reclamó porque estaba tratando de aclarar la muerte del brasileño.

Damon Hill y Michael Schumacher se las han tenido tiesas desde el Gran Premio de Australia de 1994. El Gran Premio de Bélgica de 1995 del que os dejamos unas imágenes espectaculares, en el Circuito de Monza de ese mismo año, en el Gran Premio de Canada de 1998, y en todos los momentos que se encontraron a los largo de sus años juntos en el mundial. El británico logró un campeonato del mundo muy deseado, y el alemán consiguió siete títulos, muchos de ellos con un coche muy superior al resto.

A Michael Schumacher se le puede valoraar mejor ahora, con la sabiduría que dan los años, y en base a sus acciones durante su carrera en la categoría reina.

Sí fuera Heinz-Harald Frentzen, su compañero en la F3, le condenaría por haberme quitado a mi novia, Corina, para luego casarse con ella. Aunque esto último de contraer matrimonio podría servir de atenuante, sería culpable.

Michael casi siempre ha cogido todo lo que quería, y a veces se ha saltado algunas normas. Tiene más disculpa quitarle la novia a un amigo por amor, que hacer trampas en el deporte, y aunque ya desde muy joven demostró su talento ganando el díficil Circuito de Macao, después de unos cuantos años suma ya varias acciones en el límite de la legalidad, o por encima de él.

No se puede ganar a toda costa, pero sin Michael Schumacher y Damon Hill, aquellos años no hubieran sido los mismos.

Gran Premio de Australia 1994