Porsche Cayman

Cada vez que conduzco un deportivo de esos que me hacen tilín disfruto. No mejor dicho, disfruto como un enano. Cada uno tiene su personalidad, se comporta de una manera en particular y cada uno de ellos tiene algunos defectos que se convierten en virtudes cuando los sabes entender. Pero un Porsche es un Porsche.

El Porsche que hemos tenido el placer de probar es uno de esos deportivos que parecen perfectos y que además lo son. Siempre que tengas en la cabeza que vas ser poseedor de un vehículo con un comportamiento sin tacha, que lleva el motor colocado en posición central (con lo que eso significa), que no se va a devaluar de manera salvaje con el paso del tiempo, que tiene una garantía casi ilimitada (siempre que la vayas renovando) y que te va a hacer pagar un poco más de lo que pensabas gastar, este es tu coche.

Lo más especial del Porsche Cayman 265 cv de nuestra prueba, como de su hermano descapotable el Boxster, es la colocación en posición central-trasera de un motor que se encuentra pegado a los respaldos de sus dos únicos asientos. Técnicamente la explicación de esta particular posición de su propulsor es sencilla; este se encuentra entre el eje delantero y el eje trasero. Casi nunca es el centro exacto por eso puede ser central-delantero o central-trasero. Esta característica hace que el automóvil tenga un reparto de pesos más equilibrado, pero sobre todo que requiera menor inercia para comenzar y dejar de girar. La especial sensación que uno tiene cuando conduce un coche con motor central es que cuando te sientas a sus mandos te conviertes inmediatamente en el eje sobre el que el automóvil gira y este movimiento lo hace de manera inmediata. Ojo al parche, siempre hay que estar muy atento a sus reacciones ya que cuando un coche de motor central sobrevira lo hace muy rápido.

El Porsche Cayman de nuestra prueba es el modelo más asequible en cuanto a la potencia de su motor. Tiene 265 cv, que parecen más, y una caja PDK que es una verdadera maravilla en cuanto a comportamiento. No sabría decir si es mejor que una DKG (la del M3 E92) o peor, si pasa de una velocidad a otra en tantos o cuantos milisegundos, lo que si tengo claro que es lo más parecido a una caja secuencial de carreras que se ha colocado en un coche para andar por la calle. La del M3 es una caja que, en combinación con un motor espectacular, parece que te traslada al ciberespacio en cada cambio. La PDK de Porsche da igual el motor donde se acople que es una satisfacción total utilizarla y encima hace correr y gastar menos a los modelos que la montan. Un lujazo.

Porsche ha tardado mucho tiempo en sustituir aquella Triptronic que en su momento fue una revolución, pero que una vez pasados los años se quedó rápidamente anticuada, sobre todo cuando Volkswagen nos descubrió América con la DSG. Pero como todo en Porsche cuando se hace algo, o se hace bien o no se hace. Y vaya si lo hicieron, da gusto utilizar la PDK de manera manual cuando se va a saco, o en el modo D cuando vas con el coche al trabajo. A lo único que nunca le he encontrado explicación son a esos botones tan raros colocados en el volante que intentan sustituir a unas levas como Dios manda. Cuando salió el PDK no había tu tía, los botones te venían con la prodigiosa caja, pero una vez ha ido pasando el tiempo algunos modelos ya llevan las levas de serie y los que no las tienen se pueden colocar en opción. Como me extraña que estos pulsadores le pudieran gustar a Walter Rohrl.

Meter un Cayman en un estrecho circuito de karting es algo casi anti-natura, no es su hábitat, las carreteras de montaña y ocasionalmente los circuitos grandes son lugares donde un Porsche Cayman se comporta de un modo excepcional, sobre todo en el primero de los dos ambientes. Pero nos gustaba el reto y una excursión conduciendo hasta uno de los parajes más bonitos de Asturias bien merecía la pena.

El Circuito de Cibuyo, fue nuestro escenario y una gran sorpresa haber rodado con el Porsche Cayman en la estrecha pista. El mayor inconveniente que me encontré fue hacer deslizar al Cayman para poder trazar las curvas con gas. Sus enormes neumáticos montados en una llanta desproporcionada para su potencia me hicieron sufrir un poco.

Por lo demás el Porsche Cayman se comportó como se comporta un Porsche. Frenando cuando se le exige que frene, girando cuando se le ordena que gire y haciéndonos sentir en nuestras propias carnes, y pese al extraño escenario, que los mejores coches de carreras tienen motor central. Y que un Cayman o un Boxster nunca tendrán ese encanto único que tiene el icónico Porsche 911 aunque estos sean deportivos excepcionales, pero el día que a uno de estos dos modelos se acerque a los 370 cv a ver quien los pilla en un puerto de montaña, en un día de track day o en un ratonero circuito de karting en un precioso pueblo asturiano.

Pero ese día Porsche nunca consentirá que llegué. Antes las gallinas podrán recorrer grandes distancias volando y migrarán de Asturias en invierno buscando un clima más cálido.