Es posible que la victoria de un Red Bull sea como un oasis en el desierto o como una golondrina que no hace verano, pero la primera victoria en la F-1 de Danielle Ricciardo ha cortado la exitosa racha de los Mercedes, que habían ganado las seis primeras carreras del año.

La Fórmula 1 está siendo muy aburrida, sí, pero, siendo sinceros, esto no se puede decir de un Gran Premio de Canadá que, aunque empezó con la tónica del aburrimiento de toda la temporada, acabó con una emoción no vista, ni siquiera, en los últimos años, ya que en las diez últimas vueltas, hubo hasta cinco pilotos, (Rosberg, Pérez, Ricciardo, Vettel y Massa…), con posibilidades de ganar. ¿Alonso…? No, el asturiano no estaba entre ellos, en otra carrera para olvidar en las filas de Ferrari que, pensando ya en la próxima temporada, no saben como seguir con un mínimo de dignidad en lo que queda de ésta. Y apenas llevamos 7 de 19 carreras. El año se le va a hacer muy largo a Fernando Alonso, a Ferrari, a los seguidores del asturiano y a los ferraristas.

 

Fernando Alonso
Fernando Alonso

 

Pero las cosas en Canadá empezaron igual que en las seis primeras carreras del año, con la «pole» para un Mercedes, el de Rosberg, y el otro Mercedes, el de Hamilton, a su lado en la primera línea de la parrilla. De cara a la carrera, la única duda que flotaba en el ambiente era comprobar cómo se gestionaba en el equipo alemán la «tensión» entre sus dos pilotos, una tensión que parecía rebajada después de no pocas conversaciones.

Y esa «tensión» estuvo a punto de dar la primera noticia en la primera curva, cuando Hamilton intentó superar a Rosberg, pero el joven alemán no le dejó ni un centímetro, y a punto estuvieron de tocarse los dos Mercedes, un toque que no ocurrió por ese milagro de la primera curva que se da en casi todos los Grandes Premios, cuando lo más difícil es pasar sin tocarse. Y pasan… Las primeras vueltas parecían una copia de todo lo que se ha visto en la temporada, y el único punto de incertidumbre era ver quién iba a una parada y quién a dos, quién paraba primero y quién paraba después, pero todo ello sin dudas de que la victoria era cosa de un Mercedes.

Pero, sin desearle por nuestra parte nada malo a nadie, esta vez tenemos que decir que, por fin, las averías y los problemas nos permitieron ver, a partir de la segunda parada de los Mercedes, otra carrera, ya que los frenos, que sufren en Canadá más que en cualquier otro circuito, mostraron un flanco débil en los Mercedes desconocido hasta la fecha. Buena noticia, aunque no para Lewis Hamilton que, en la vuelta en la que volvía a la pista después de haber hecho su segundo cambio de neumáticos, se quedó sin frenos y tuvo que abandonar. Sin embargo, lo que a partir del momento del abandono de Hamilton podría parecer una victoria fácil para Rosberg, tenía un negro «nubarrón» encima, ya que, antes de parar los dos Mercedes a cambiar neumáticos, ya habían tenido problemas, al mismo tiempo, que les hicieron rodar hasta dos segundos más lentos que sus perseguidores. En Mercedes saltaron todas las alarmas, y entre sus perseguidores surgió la esperanza de darle «matarile» al líder del Mundial.

 

Lewis Hamilton
Lewis Hamilton

 

Así fue como Felipe Massa, que tenía un «avión», sobre todo en velocidad punta, paró a cambiar neumáticos y, siendo el piloto que los tenía más «frescos», se lanzó a por todas, intentando, como poco, meterse en el podio. En esos momentos, en cabeza había un «trenecito», comandado por Rosberg, pero con el Force India de «Checo» Pérez pegado a su alerón trasero, un «Checo» Pérez que iba a una sola parada, por lo que llegaba al final de la carrera con los neumáticos casi en las lonas. Pero el mejicano aguantaba, haciendo un «tapón» a sus perseguidores que, por este orden eran Ricciardo, Vettel y Massa.

Faltando cuatro vueltas, Ricciardo se «tiró» a por Pérez, lo adelantó y entonces puso el ojo en la «mirilla» de su Red Bull con el alerón trasero de Rosberg como objetivo, un Rosberg que, gestionando muy bien sus problemas, había aguantado como primero, sobre todo porque Sergio Pérez no podía abrir el DRS. Faltando tan poco, los nervios empezaron a jugar un papel fundamental y, casi al mismo tiempo en el que Ricciardo adelantaba a Rosberg que, casi sin frenos, (sólo tenía los traseros…), no opuso ninguna resistencia, entre Pérez, Vettel y Massa se jugaban el tercer escalón del podio. Vettel, viendo lo que le venía por detrás, (Massa…), aprovechó lo justito de gomas que iba Sergio Pérez para adelantarle, y esto puso de los nervios a un Massa que, en la curva-chicane de final de recta, justo al iniciarse la última vuelta, cometió un error de novato, «tragándose» a Sergio Pérez, metiéndole un «talegazo» de padre y señor mío, si bien, en descargo de Massa se puede suponer que «Checo» Pérez, al ir tan mal de gomas, puede haber frenado un poco antes, o fuera del sitio «habitual», y por eso Massa se lo «comió». En todo caso, por suerte, el «cacharrazo» se saldó sin consecuencias físicas, aunque los golpes, (el de Pérez y el de Massa…), fueron muy feos. ¿Vettel…? Aún debe de estar agradeciéndole a la virgen particular que debe tener, porque resulta inverosímil que ni Pérez ni Massa se lo hayan llevado «puesto».

 

Felipe Massa
Felipe Massa

 

Lo que quedaba de la última vuelta, con todo decidido, fue bajo la norma de «Safety Car», o sea sin poder adelantar, y así se cuajó la primera victoria de Ricciardo, la primera vez en la temporada que acaban dos Red Bull en el podio, y un nuevo fiasco de los Ferrari. ¿Cómo acabó Alonso…? Pues desmoralizado, en un sexto puesto que, si contamos que en la última vuelta cayeron dos coches, (Pérez y Massa…), Fernando Alonso, a falta de 4 kms., era 8º. Y eso que había abandonado Hamilton, porque sino, sería 9º… Un desastre.

Con el segundo abandono de Hamilton, Rosberg se escapa de su peor rival, al que ahora aventaja en 22 puntos, una diferencia que en ningún caso es insalvable, cuando faltan doce Grandes Premios y no va a ser siempre el de Hamilton el Mercedes que tenga que abandonar.
La próxima cita es en la casa de Red Bull, en Austria, por lo que la victoria de Ricciardo, y el podio de Vettel, les darán «alas», aunque si los Mercedes funcionan, no habrá alas que valgan.