Si la semana pasada proponía obligar en cada Gran Premio a uno de los mejores pilotos a salir desde el fondo de la parrilla, o desde el pit lane, ésta propongo que antes de cada carrera la pista se moje en un par de sitios. Todo sea por garantizar el espectáculo.

Nadie podrá negarle sufrimiento de los alonsistas al margen, que desde que a Hamilton le ha dado por salir del fondo de la parrilla, o desde el pit Lane, como en Hungría, ésta parece otra Formula 1. Al menos es más divertida, más incierta y, como poco, puede ganar un monoplaza que no sea un Mercedes. Como en Hungría.
¿Quién contaba con Ricciardo? Yo no, la verdad. Ni tampoco contaba con ver a Alonso a punto de ganar la carrera, un hito que frustró un piloto, el australiano de Red Bull, que demostró ser mucho mejor de lo que parece, y que en sitios en los que, como Hungría, casi no hay donde adelantar. Él, agresivo pero muy limpio, encontraba huecos donde otros veían trampas. Y ganó, birlándole una victoria del asturiano que habría sido épica.

 

Lewis Hamilton y Nico Rosberg
Lewis Hamilton y Nico Rosberg

El Gran Premio de Hungría tuvo de todo. Desde el conato de incendio del coche de Hamilton hasta la lluvia que puso patas «pa’rriba» las estrategias y los pronósticos, pasando por los «safety car» que tuvieron que salir para arreglar los desaguisados producidos en la pista por los coches de Ericsson primero y de «Checo» Pérez después.

En esas circunstancias, los más listos de la clase se aprovechan y sacan petróleo, sobre todo si desde su box están «espabilados» y alertas a los cambios que, con una buena estrategia, aunque muy arriesgada en el caso de Alonso, pueden permitir a un piloto luchar por la victoria, cuando lo único que parecían estar en situación de hacer era defender el 5º puesto de la parrilla.

En las últimas vueltas, viendo a Alonso con las ruedas en los «alambres», (aunque ahora son «lonas»…), no pude evitar recordar aquella sonora «cagada» de Canadá, cuando con una estrategia tan arriesgada, como la de Hungría, no sólo no pudo ganar, sino que tuvo que entrar a cambiar ruedas en la ¡última vuelta! Pero esta vez la historia fue distinta, aunque tampoco pudo ganar el de Ferrari, quedándose a las puertas de un éxito inesperado, pero que habría sido muy merecido, por culpa del arrojo de un «novato» como Ricciardo. Mantener el 2º puesto para Fernando Alonso fue casi como una victoria, un puesto que salvó de milagro, y sobre todo porque Hamilton, después de haber salido desde el «pit lane», y estando delante de su «compi» Rosberg, ya dio por bueno el puesto, ya que minimizaba las daños que, al no poder siquiera completar la Q1 se le suponían. Y todo esto sin olvidarnos de que, en la primera vuelta, el «morenito» se había marcado un trompo que pareció hundirle en la catacumbas definitivamente.

Fernando Alonso
Fernando Alonso

Con casi todos los coches de la parrilla con neumáticos de agua, y un par de «intrépidos», (los McLaren…), con ruedas mixtas, el circuito con bastante agua en 3 o 4 puntos, y el resto seco, pero con previsión de más lluvia, que al final no se produjo, acertar en la pista, los pilotos, y desde el «muro», los ingenieros, se convirtió en una lotería, si bien la suerte siempre se acerca a los pilotos con más talento. Y esto, una vez más, le tocó a Alonso. Aunque no pudo ganar.

Partiendo de unas circunstancias tan anómalas, las 70 vueltas al Circuito Magyar dieron como para escribir un libro, que habría sido todo un «best seller» si, como en algunos momentos pareció que podría ser, Hamilton acababa ganando la carrera después de haber salido desde los boxes. Llegado el inglés al alerón trasero de Alonso, y después de superar a más de media parrilla como si fuesen tortugas, en la cabeza del «morenito», superada ya su «fobia» a Alonso, parece que primó mucho más el deseo de recuperar el terreno perdido con su único rival, su compañero Rosberg, que el ansia de superar a Alonso y ganar la carrera. Porque cuando Hamilton llegó a espaldas de Alonso dio la impresión que el de Mercedes se conformaba con acabar 2º, algo que confirmó muy poco después Ricciardo que, al llegar detrás de Hamilton, y con mucho más ritmo que él y que el español, se tiró a por todas, adelantó primero a Hamilton, y eso que es difícil adelantar en Hungría, y pocas vueltas después completaba la «faena» adelantando a Alonso.

Jenson Button
Jenson Button

Hamilton, por su parte, casi paga muy caro su «conformismo» porque acabó la carrera con Rosberg pegado a su alerón trasero, intentado adelantarle, con neumáticos frescos y ganas de meterle más puntos a un inglés que, después de dos carreras en la que ha sido el «pupas», puede irse de vacaciones tranquilo y esperanzado, ya que la desventaja con el líder ha quedado en apenas 11 puntos, una diferencia fácilmente asumible para un piloto como Hamilton, al que no siempre le van a reventar los frenos o incendiársele el coche, mientras Rosberg se va, casi siempre, de «rositas». Y el último Gran Premio puntúa el doble.

Ahora a «desconectar», con casi un mes de vacaciones, hasta el mítico Spa, un circuito de los de verdad, de los de «antes», en los que si llueve, algo por cierto bastante habitual en el trazado belga que, con sus casi 7 kms. puede ofrecer escenarios bastante más complicados que los que ofreció el de Hungría, Alonso podría volver a hacer de las suyas, como en Hungaroring dónde, parafraseando al gran Alfredo Di Stéfano, corrimos, como nunca y perdimos, como siempre.
Buenas «vacas»…