El Gran Premio de Japón no pasará a la historia ni por la victoria de Lewis Hamilton, ni por el riesgo de tifón, ni por el fichaje de Sebastien Vettel por Ferrari ni por las rabietas de Fernando Alonso. Pasará a la historia por el accidente de Jules Bianchi.

Mientras el joven piloto francés Jules Bianchi sigue luchando por su vida en el Hospital de Mie, a menos de 10 kms. del circuito de Suzuka, la Fórmula 1 en pleno se pregunta cómo pueden pasar estas cosas en un deporte tan consolidado, cuando la realidad es que lo extraño resulta que estas cosas no hayan pasado más veces. ¿O es que ya se han olvidado de aquella carrera de hace unos años en Brasil cuando, también bajo un aguacero, más de un coche se fue contra una grúa, aunque aquella vez no hubo que lamentar ninguna desgracia?

Ya es tarde para buscar culpables, aunque siempre se está a tiempo de poner los medios y las medidas para que un accidente como el que sufrió Jules Bianchi no se vuelva a repetir, aunque los que hayan visto las imágenes del brutal golpe se queden con la duda de cuál habría sido el resultado si el joven francés no hubiese chocado contra la grúa, porque a la velocidad que iba, el golpe contra el muro interior habría sido terrible y de unas consecuencias imprevisibles.

Suzuka es un circuito peligroso, entre otras cosas porque es de los más viejos de los que forman parte del calendario, y no tiene las escapatorias ni las medidas de seguridad que tienen el 90% del resto de circuitos del Mundial. Mónaco es lento, por lo que su evidente riesgo es menor; Canadá, aún siendo urbano, es más seguro que Suzuka, el urbano de Singapur está hecho a prueba de bombas, y el único que va «justito» de seguridad sería Albert Park, el de Melbourne. Pero lo de Suzuka, con agua o sin agua, con grúa o sin grúa, se veía venir.

En lo deportivo, aunque el resultado ahora mismo sea secundario, poco más que decir que Lewis Hamilton, a pesar de verse superado por Nico Rosberg en la clasificación para la parrilla, demostró en carrera que es una «fiera» pilotando en mojado y que, a pesar de que faltan cuatro carreras, y menos aún puntuando la última el doble, los 10 puntos de ventaja que ya tiene sobre su compañero de equipo pueden ser suficientes para afrontar lo que queda de Mundial con ciertas garantías de llevarse su segundo título de Campeón.

 

 

Sin embargo, accidente de Bianchi al margen, en Suzuka hubo más «tema» extradeportivo que deportivo, porque el anuncio del fichaje de Sebastien Vettel por Ferrari cogió a unos cuantos con el paso cambiado, el primero a Fernando Alonso que, no sólo no supo «digerir» la noticia, sino que demostró su «incomodidad» con unas declaraciones bastante fuera de lugar cuando, a pesar de haber sido Vettel el primero en mover ficha, el asturiano decía que todo esto se producía por él, y que iría a dónde quería y cuando quería. Sólo le faltó decir… «porque yo lo valgo». Que lo vale, sin duda, pero entendemos que así no se dicen las cosas. Alonso en Suzuka pecó de prepotente, de soberbio y de arrogante y, salvo que se sigan produciendo «sorpresas», que se pueden producir, su futuro ahora mismo está en el aire, porque verle otra vez a las órdenes de Ron Dennis es algo que, sinceramente, no somos capaces de entender ni de aceptar, pero…

 

 

El «detonante» de todo puede haber sido la reunión que, ya en Suzuka, tuvo el representante de Alonso, Luis García Abad, con los directivos de Ferrari, con Mattiacci a la cabeza. En Ferrari llevaban varios meses algo más que cansados de las constantes «culpas» que reparte Alonso y las «presiones» que mete, acostumbrados como estaban a pilotos más disciplinados y más de «equipo», sin ir más lejos como Michael Schumacher que, a pesar de haberse pasado en blanco sus primeros años en Ferrari, acabó ganando después 5 títulos seguidos, de carrerilla con ellos, y sin haber dejado jamás ningún «recadito» al equipo por no ganar, como venía de hacerlo con el Benetton. Y es que ya lo dijo el gran Enzo Ferrari en su libro «Pilotos, ¡qué gente!»

La cuestión es que las horas de Alonso en Ferrari están contadas, mientras Hamilton, al haber ocupado «su» hueco en Ferrari Vettel, no tendrá más alternativa que, o quedarse en Mercedes, o volver a McLaren y a la incertidumbre del nuevo motor Honda. Marcharse de un equipo ganador, con el que de momento ha parado su renovación, a uno que es una incógnita no parecería muy acertado ni muy lógico, pero lo cierto es que en Mercedes a Hamilton ya le han tirado de las orejas un par de veces, y podrían decidirse a recibir a Alonso con los brazos abiertos, mientras el «morenito» vuelve a la que fue su casa.

En definitiva: que a Alonso se le ha complicado su futuro y, en el caso que a Hamilton le de por no correr riesgos y quedarse en Mercedes, el asturiano podría verse obligado a correr en Williams, porque para Alonso lo de volver a McLaren sería tragarse un sapo demasiado grande, tanto como lo sería para el mismísimo Ron Dennis. Y esto es algo que ni siquiera el dinero y el potencial de Honda pueden garantizar que se vaya a producir. ¿Compañero de equipo de Hamilton en Mercedes? Otro triple salto mortal sin red.

Lo más importante? Pues que esperamos que el próximo fin de semana, en Rusia, las noticias del estado de Jules Bianchi sean mejores que las que conocemos a la hora de escribir esta crónica. Le deseamos lo mejor.