Cada disciplina del automovilismo tiene sus “intríngulis” y las 24 Horas de Daytona le han servido a Fernando Alonso para aprender muchas cosas que, si sigue adelante con uno de sus proyectos estrella, le serán de gran utilidad en el desafío de las 24 horas más importantes del mundo, las de Le Mans

La experiencia de Daytona habrá resultado para Fernando Alonso cualquier cosa, menos fácil. Que uno de los mejores pilotos de la historia, como es el asturiano, sepa antes de empezar, que tiene nulas posibilidades de optar a estar entre los mejores, debería resultar demoledor y descorazonador para cualquiera, menos para un luchador nato como es Alonso.

Seguramente, pagar el precio de tanta fatiga, y un mal resultado, merecerá la pena para quien, lejos de buscar la gloria en Daytona, lo que estaba buscando era llegar al que parece será su mayor desafío del 2018, las 24 Horas de Le Mans, con una preparación lo más adecuada posible al tipo de coche que allí tendrá que pilotar. En cualquier caso, si se explican someramente las características y las circunstancias que han rodeado el debut de Fernando Alonso en una de las grandes categorías de la resistencia, a priori era fácil predecir que la “aventura” se saldaría con cualquier resultado, menos el del éxito.

Para empezar, Fernando Alonso tenía a su lado a dos “querubines”, Phil Hanson y Lando Norris, dos pilotos junior de apenas 18 años cuando, si algo hace falta para conseguir algo en una carrera de resistencia es experiencia. Salvo honrosas excepciones, los “reyes” de la resistencia son y han sido ilustres veteranos, o al menos pilotos no tan jóvenes y tan poco experimentados como los que acompañaron al asturiano en su aventura americana.

Por otra parte, y esto se sabía desde que Alonso le dio el “sí” a las 24 Horas de Daytona, su coche, que estaba encuadrado dentro de la que podríamos llamar como la “categoría reina”, un Ligier SP P217, de la categoría LMP2, es menos competitivo que los coches de la categoría DPi, (Daytona Prototypes), lo que, de mano, unido al desconocimiento de la disciplina y del complejo trazado de Florida, no ponía a Fernando Alonso entre los “outsiders” de la prueba. Y decimos complejo trazado porque el peralte de Daytona, de 30 grados, convierte la pista en todo un desafío ya que, a diferencia de Indianápolis, un circuito que es, en sí mismo, todo un peralte, Daytona es una mezcla de súper peralte y un trazado tradicional en el que, para más dificultades, participan, al mismo tiempo, coches de categorías menores, más lentas, lo que obliga a ir constantemente adelantando y doblando a coches más lentos. Y adelantar a 300 km. por hora, de noche, en un peralte y, para más dificultades, lloviendo, (como llovió en Daytona), debe resultar súper estresante hasta para uno de los mejores pilotos de la historia. De hecho Alonso declaró, mediada la prueba, que tenía los músculos entumecidos.

Entrando al fondo de la cuestión, las 24 horas ya empezaron a hacérsele algo más largas al coche de Fernando Alonso ya que, saliendo desde la 13ª posición de la parrilla, contaban de entrada con un “penaty”, (un “drive through”, o sea pasar por el “pit lane” a velocidad reducida y sin detenerse), por reiterados excesos de velocidad en el “pit lane” por parte de uno de los “yogurines” que formaban parte de la terna de pilotos del Ligier nº 23.

Con ésa pequeña “losa” antes de empezar, conocedores de que el Ligier era más lento que el resto de los principales competidores del asturiano, esperar un buen resultado era una quimera, y todo ello a pesar de que en un momento de las primeras horas de carrera, el coche de Fernando Alonso llegó a ir 1º, de forma efímera y circunstancial, ya que lo fueron en medio de las paradas de los coches que llevaban por delante y que, en el momento que pararon ellos, volvieron a su posición natural que, en algunos momentos y a duras penas, les mantuvieron entre los 10 primeros.

A medida que iban pasando las horas, la dureza de una carrera que, será de resistencia, sí, pero en la que se va siempre a fondo, empezó a pasar factura al Ligier de Alonso, con problemas de todo tipo, pero especialmente de frenos, lo que les hizo estar durante muchas vueltas, y varias veces, parados en los boxes arreglando avería tras avería, perdiendo posiciones, hasta el punto que acabaron entre los últimos, en el puesto 38º, a nada menos que 90 vueltas del ganador.

En cualquier caso, a pesar del mal resultado, Fernando Alonso hizo una valoración muy positiva de la experiencia, destacando que le será de gran ayuda de cara a las 24 Horas de Le Mans, un proyecto con el que, a pesar del “consejo” de su amigo Mark Webber, (el australiano dijo que no era bueno para un piloto de Fórmula 1 “distracciones” de éste tipo), sigue adelante. De hecho los últimos rumores hablan de serias conversaciones entre el equipo Toyota de resistencia y Fernando Alonso de cara a correr en Le Mans 2018, todo un desafío, máxime si tenemos en cuenta la dramática trayectoria de Toyota en las 24 Horas de Le Mans, prueba que estuvo a punto de ganar varias veces y que, por una u otra fatalidad, alguna de ellas en las últimas vueltas, se le acaba escapando el triunfo en la mítica prueba francesa.

Mal resultado al margen, lo que sí hay que destacar especialmente de la presencia de Fernando Alonso en Daytona es la gran repercusión mediática que tuvo, ya que no solo fue la máxima atracción en la prueba americana, sino que en España no hubo medio de comunicación que se precie, televisiones incluidas, que no diesen cobertura a la maratoniana experiencia del piloto asturiano.

¿Qué quién ganó las 24 Horas de Daytona…? Aaaahhhh… Perdón. Ganó un Cadillac oficial, pilotado por un brasileño, Cristian Fittipaldi, de 48 años y sobrino del gran Emerson, que ha hecho prácticamente toda su carrera deportiva en los Estados Unidos y que ya había ganado en otras dos ocasiones en Daytona, en los años 2004 y 2014, y dos portugueses, Filipe Albuquerque, de 32 años, que con un LMP2 había ganado en 2016, y Joao Barbosa, de 42 años, ganador de las ediciones de 2010 y 2014, lo que convierte a la tripleta ganadora en auténticas leyendas de la resistencia norteamericana.

El de Cadillac, con prototipos de la categoría DPi, fue el equipo que dominó la carrera, ya que la “pole” fue para uno de sus coches, pilotado en ésa mejor vuelta por Regen Van der Zande, que fue el primer líder de las 24 Horas, al que siguió otro de los Cadillac, el de Felipe Nasr que, con Mike Conway y Eric Curran acabaron segundos, completando el podio el primer LMP2, el Oreca de Jonathan Bennet, Colin Braun, Romain Dumas y Loic Duval.

La 4ª plaza fue para el otro coche de United Autosports, el equipo de Fernando Alonso, pilotado por Bruno Senna, Will Owen y Paul di Resta, un puesto que, de no haber tenido tanta “juventud” al lado, y menos averías, perfectamente podría haber sido un resultado natural para el asturiano, sin descartar que hubiese sonado la flauta y hubiese acabado en el podio.

Por cierto… bonito espectáculo el de la pista… y deprimente y desilusionante el de unas gradas prácticamente vacías un circuito con capacidad para algo más de 150.000 espectadores.

Nueva posible parada para Fernando Alonso en la resistencia? ¿Le Mans? La experiencia merece la pena. Preparen el saco de dormir. ¿La fecha?  Del 16 al 17 de junio.