Después de un mundial súper entretenido, el de 2017, la temporada empezó con el triunfo del de casi siempre: Ogier. El de Ford, el piloto a batir, suma su 5º Montecarlo consecutivo y pone el primer pilar para un nuevo título, aunque en 2018 parece que, aunque gane el de siempre, volverá a haber emoción

Y es que para ganarle el título a Sebastien Ogier tienen que pasar muchas cosas, fundamentalmente que el francés se equivoque varias veces, algo sumamente difícil, y que sus rivales más importantes, no cometan prácticamente ningún error.

El de Montecarlo ha sido otro de los rallies en los que podría hablarse de paliza del francés que, estrenando el nuevo status de piloto oficial de Ford, en 2017 corría dentro de la estructura de M-Sport, el equipo de Malcolm Wilson que, aunque apoyado por Ford, no se trataba de un equipo oficial, barrió a sus rivales desde el primer tramo, en uno de los Montecarlos más difíciles que se recuerdan. De hecho Ogier declaró, en la meta de más de un tramo, que era la especial más difícil que había corrido. Y lleva unas cuantas disputadas.

El estado de los tramos fue de una complejidad endiablada, ya que se pasaba de zonas en las que casi se iba a 200 km. por hora, (una barbaridad…), a zonas con placas de hielo, el llamado “hielo negro”, en el que era difícil mantener los coches en la carretera incluso en 1ª y a bajísima velocidad. Con esas condiciones, el mejor, o sea Ogier, pilotando con una destreza y una serenidad apabullantes, fue poniendo tierra de por medio con sus perseguidores, llegando a tener la confortable ventaja de algo más de un minuto, una auténtica eternidad si te enfrentas a uno de los mejores pilotos de la historia y el único que parece en situación de acercarse a los registros del anterior “depredador” del mundial de rallies, el “otro” Seb, Loeb, al que, por cierto, volverá a enfrentarse en poco más de un mes, en México.

Partiendo de cero, como se parte en cada mundial en la 1ª prueba de la temporada, las expectativas estaban en saber de qué sería capaz el hasta el año pasado compañero de equipo de Ogier, el estonio Ott Tanak, en su primer rallye con el Toyota, si Jari Matti Latvala empezaría un mundial con buen pie, si Thierry Neuville, el piloto más rápido de la temporada pasada volvería a ser el “outsider” de 2017, brillando en Montecarlo como el año pasado, dominándolo hasta “cagarla” de forma estrepitosa en el último tramo, si Kris Meeke estaba en condiciones de darle, por fin, una alegría a Citroën, e incluso si Dani Sordo, a pesar de su reducido programa para 2018, le ponía las cosas difíciles a sus jefes, empezando con buen pie el mundial y obligándoles, si encadenase varias buenas actuaciones seguidas, a ampliarle el programa en detrimento de Hayden Paddon, o bien obligando a Hyundai a presentarse en algunos rallies con 4 coches.

Qué pasó? Pues que Neuville, en vez de “cagarla” en el último tramo, la “cagó” en el primero, saliéndose de la carretera, perdiendo 4 minutos y con ellos toda opción a disputarle la victoria a Ogier, un error que imitó Meeke, aunque perdiendo menos tiempo, pero quedando ya muy lejos de la cabeza, siendo en los primeros tramos Tanak, Mikkelsen y Sordo los tres alumnos más aventajados entre los perseguidores de un intratable, desde el primer tramo, Sebastien Ogier.

El español empezó haciendo un rallye muy serio, manteniéndose el primer día entre los 3 primeros, peleándole la 2ª plaza al debutante en Toyota Ott Tanak,  aunque con los otros dos Toyota, los de de Latvala y Lappi amenazando su puesto en el podio. Lamentablemente Dani Sordo, que llegó a colocarse 2º en el rallye, cometió un error en el primer tramo de la 2ª etapa, la del sábado, se salió y allí acabó su rallye, ya que el reglamento del de Montecarlo, ya me contarán ustedes porqué, no permite re-engancharse en la última etapa, algo que sí que lo permite si se abandona en la 1ª.

La noche del viernes al sábado había nevado mucho en los tramos y lo que había que hacer era ir por la “rodada” que iban dejando los que iban por delante, algo que Dani Sordo iba haciendo a la perfección, de hecho antes de salirse iba marcando los mejores parciales del tramo, hasta que en una ligera curva a derechas se salió ligeramente de las “roderas”, pisó la nieve, patinó… y se salió. Una pena porque estaba haciendo un buen rallye pero, si los errores se pagan caros, en Montecarlo un error tiene, casi siempre, muy malas consecuencias. Otros pilotos, entre ellos el mismísimo Ogier, hicieron trompos, en algunos casos más de uno, patinaron, se deslizaron sin control, pero encontraban un banco de nieve o un apoyo que les permitía seguir en carrera, pero el cántabro hace tiempo que no tiene la suerte de cara y ahora, dado que no está Suecia en su programa, tendrá que esperar a México para volver a ponerse al volante de su Hyundai.

Con el español fuera, y Ogier fuera del alcance de sus perseguidores, resultó muy interesante ver el potencial de la escuadra Toyota, ya que tenían a sus 3 coches muy bien colocados, con Tanak 2º, Latvala 3º y Lappi 4º. El más joven de los 3, el brillante Esapekka Lappi, cometía un error, ¡en el último tramo! y caía a la 7ª plaza. Una pena, porque Toyota se merecía un resultado tan bueno como el que estaban consiguiendo, colocando a sus 3 coches entre los mejores, pero los rallies, ya se sabe, son así de crueles.

Neuville, por su parte, seguía a lo suyo, haciendo buenos tiempos y acabando finalmente 5º, gracias a su acierto, a los errores de los demás y a los no pocos problemas que tuvieron pilotos que, como su compañero de equipo Andreas Mikkelsen, se veía obligado al abandono en la 1ª etapa, cuando iba 2º, y por algo tan banal como la rotura de la correa del alternador, de la que, ¡increíble! no llevaban recambio en el coche.

El triunfo de Sebastien Ogier, a pesar de que a alguno le pueda hacer suponer que, al ganar el de casi siempre, el mundial volverá a ser aburrido, (algo que, aunque lo ganó Ogier, no lo fue en 2017), no puede ocultar la buena noticia de que acabaron 4 marcas diferentes entre los 5 primeros, 1º Ford, 2º y 3º Toyota, 4º Citroën, (el de Meeke), y 5º Hyundai, (Neuville), ni que 6 pilotos diferentes marcaron al menos un scratch en los 17 tramos que tuvo la edición 2018 del rallye de los rallies.

Por cierto: la FIA debe meterle mano, más temprano que tarde, a las altísimas velocidades que se están alcanzando en los rallies. Es una locura, una temeridad y una insensatez que en las peligrosísimas carreteras que forman parte del trazado del Rallye de Montecarlo se haya llegado a rodar a 200 kms. por hora. El “Monte”, con nieve y hielo es un rallye lento, técnico, pero cuando falta, sobre todo la nieve, las velocidades a las que se puede rodar en las carreteras de los Alpes Mediterráneos son altísimas. Y los rallies no son pruebas de velocidad pura. Para eso están los circuitos. Los rallies son pruebas de habilidad, con velocidades medias bajas. Y el tema no tiene tan difícil solución. La electrónica, con la que se hacen milagros, y los grupos cortos, como los que tenían por reglamento los S2000, (tuviesen las potencia que tuviesen, no llegaban a los 170 kms./hora), resolverían lo que, sinceramente me parece un grave problema y una falta total de sentido común. Un fallo mecánico, o un fallo humano, a esas velocidades…!!!

Esto sigue en apenas 2 semanas, en el hielo y la nieve de Suecia, y habrá que esperar un mes más para que, en México, veamos otra vez a Dani Sordo, si bien la noticia no será su presencia, sino el regreso del más grande entre los grandes, Sebastien Loeb.