Nada puede objetarse a la victoria de Valtteri Bottas en Melbourne, pero que nadie
se piense que a Lewis Hamilton le ha salido un grano que vaya más allá de esta
victoria que el propio finlandés calificó como “La mejor carrera de mi vida”
Y es que algunos pilotos, para ganarle a Lewis Hamilton, incluso llevando su
mismo coche, tienen que, por un lado hacer la carrera de su vida, y por el otro
contar con que al inglés de Mercedes le pase algo en su coche. Como le pasó en
el trazado urbano de Albert Park.

A estas horas en Mercedes todavía no saben qué pasó para que al monoplaza de
Hamilton se le rompiese el fondo plano. O en todo caso, si lo saben, todavía no lo
han dicho. Pero lo cierto es que, después de “esconder” sus armas durante la
pretemporada, en la que muchos daban a Ferrari poco menos que por imbatible,
Hamilton dominó en Australia con una superioridad insultante, haciendo un pole
estratosférica, (le metió medio segundo a Vettel, 3º), y perfilándose como el
máximo candidato a la victoria en el primer Gran Premio de la temporada.
Pero falló en la salida, algo que no es nuevo en el inglés, y a partir de ese
momento ya no pudo con su compañero de equipo que, haciendo una carrera
brillante se lo puso imposible, si bien al acabar la carrera el equipo admitió que el
fondo plano del Mercedes de Hamilton estaba dañado y que esa circuntancia
había afectado a las prestaciones aerodinámicas de su monoplaza. En Albert
Park, un circuito urbano que no será el común denominador del campeonato,
varias veces hay que “subirse” por las paredes, o por los pianos, incluso en
algunas trazadas meter medio coche por la hierba, lo que sin duda es un riesgo
porque puede producir daños, como parecer ser que ha sido en el caso del
Mercedes de Hamilton.

La victoria de Bottas no parece que vaya a significar lo que algunos “anti” Hamilton
sueñan, que es que el delfín destrone al “jefe”, porque el inglés no va a tener
siempre problemas, ni Bottas hará en todos los Grandes Premios la carrera de su
vida, como afirmó el propio finlandés que había sido para él la de Melbourne. En
cualquier caso, el 1-2 de Mercedes, y la solvencia con la que lo consiguieron,
borró de un plumazo las expectativas que daban a Ferrari como máximo candidato
a desbancar a los Mercedes, algo que, a pesar del mal papel, sobre todo de
Sebastien Vettel, en Australia, no debería tomarse ya como una lectura definitiva
de un mundial que acaba de empezar, y que lo ha hecho, como todos los años,
sobre un trazado que nada tiene que ver con el tipo de circuitos en el que se
decide el campeonato.

En el caso de Ferrari se dio, además la circunstancia de que los de Maranello
tuvieron que “parar” al novato Charles Leclerc que, a punto de subírsele a las
barbas a su jefe de filas, vio como desde el muro le “aconsejaban” no arriesgar y
mantener la posición. Pocos dudan, por no decir nadie, del talento del joven
monegasco, pero de ahí a ganarle partida tras partida a Vettel media un abismo. Y
el chavalote lo asumió de muy buen grado. Al menos de cara a la prensa. Es
verdad que el alemán no tiene el carisma de los grandes, pero tampoco es un

“paquete”. Leclerc, si está bien aconsejado, lo mejor que puede hacer es no
cometer errores en las primeras carreras y aprender de un 4 veces campeón del
mundo. Que para ganarle ya tendrá tiempo.

En el contexto general de la carrera, además de la sorpresa por la inicialmente no
previsible victoria Bottas, y de la decepción de Ferrari, la otra noticia del inicio de
la temporada volvió a tener acento holandés, el de Max Verstappen que,
debutando con el motor Honda finalizó el Gran Premio en un fantástico tercer
puesto, todo un aviso a los críticos de la casa japonesa, y un varapalo a
escuderías como McLaren que, despreciando, y mucho, a Honda, se han ido a los
brazos de Renault que, lamentablemente para Carlos Sainz, han empezado
rompiendo un motor, lo que no solo dejó sin puntos al madrileño en un fin de
semana para olvidar, sino que es previsible que, rompiendo uno en la primera
carrera, esto le obligará a cambiar un motor antes que otros pilotos lo que, en
algún momento de la temporada, significará la pérdida de unas valiosas
posiciones en la parrilla de salida.

Por su parte, el novel nuevo compañero de Sainz, Lando Norris, clasificó en una
meritoria 8º plaza de la parrilla, siendo el primer piloto con motor francés, si bien el
joven debutante tuvo la elegancia de decir que, si Carlos Sainz no hubiese tenido
problemas, habría estado con él en la parrilla. De hecho el madrileño podría haber
clasificado mucho mejor, (salió el 18º…), si no se hubiese encontrado en su vuelta
buena con el re-debutante Ribert Kubica pinchado.

No es Albert Park un circuito para sacar demasiadas conclusiones, más bien al
contrario. La próxima cita, en Barhein, ya permitirá ver con mayor claridad dónde
está cada equipo, si bien la llegada a Europa, que implica siempre novedades
producto del desarrollo de los monoplazas y de la detección de errores de diseño
o de configuración en las primeras carreras, será la que posicione a cada equipo
en el lugar que, por lo que hayan “parido”, les corresponde.
Y es que esto no ha hecho nada más que empezar, amigos…!!!